Merkel y Hollande escenifican en Verdún la necesidad de Europa

  29 Mayo 2016    Leído: 318
Merkel y Hollande escenifican en Verdún la necesidad de Europa
Los dos mandatarios recuerdan el centenario de la terrible batalla de la I Guerra en un momento tenso del eje franco-alemán
Verdún como símbolo de la reconciliación. Verdún como emblema de una Europa en paz pero sumida en una crisis profunda. El presidente francés, François Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel, asisten este domingo bajo la lluvia a la ceremonia del centenario de la sangrienta batalla que enfrentó a ambos países en 1916. Los mandatarios de las dos grandes potencias de la UE escenifican con esta cita la necesidad de reforzar Europa. El histórico encuentro se registra en plenos desacuerdos del eje franco-alemán, sin cuyo entendimiento el motor de Europa se gripa.


“El ideal de paz, el ideal europeo que nos inspira Verdún es hoy más necesario que nunca”, ha asegurado Hollande en los días previos a la celebración del centenario. “Europa tiene problemas, pero Europa ha dado y logrado muchas cosas”, ha declarado Merkel la víspera de acudir a Verdún. Ambos se han comprometido a reforzar la Unión Europea frente a la posibilidad de que el Reino Unido la abandone.

Los actos conmemorativos ya han comenzado en Verdún este fin de semana. Todo ha sido cuidadosamente diseñado para escenificar en este lugar del noreste de Francia la reconciliación franco-alemana y extraer sus lecciones. El de hoy es un encuentro histórico. En un siglo, esta será la segunda vez que los mandatarios de ambos países se citan en el antiguo campo de batalla. “Será un momento fuerte”, opina una fuente del Palacio del Elíseo. El recorrido se ha iniciado en el cementerio alemán.

El primer encuentro data de 1984, cuando el entonces presidente François Mitterrand y el excanciller Helmut Kohl, dos grandes impulsores de la UE, se dieron la mano, emocionados, en el lugar donde murieron 300.000 soldados. Esta vez, el jefe de Estado y la canciller estarán acompañados del presidente de la UE, Donald Tusk, el de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el de la Eurocámara, Martin Schulz. Se ven en esta cita histórica en un momento crucial para el proyecto europeo.

Verdún fue el escenario en 1916 de una cruenta batalla en la que murieron 162.000 soldados franceses y 143.000 alemanes. Otros 406.000 resultaron heridos. De ahí que en total se hable de más de 600.000 muertos. Dada su duración (de febrero a diciembre), el 75% de los combatientes franceses de la guerra vivieron el infierno de Verdún donde se descargaron en diez meses 60 millones de obuses (más de 100.000 diarios) que han dejado horadada para siempre la estrecha franja de la batalla de apenas cinco kilómetros por quince. Nueve pueblos desaparecieron por completo.

La batalla comenzó el 21 de febrero de 1916. Alemania decidió emprender una dura ofensiva para tomar los altos de la ciudad, zona estratégica de comunicaciones de difícil defensa y París decidió resistir al grito de “No pasarán” y ganó la batalla. Para los alemanes, en Verdún solo ganó la muerte. Para los franceses el sentimiento terminó siendo el mismo, según testimonian los historiadores Antoine Prost y Gerd Krumeich, especialistas en esta negra página de la historia.

Hoy, entre cementerios y osarios (con tumbas individuales y colectivas) Verdún acoge los restos de solo una parte de esos 300.000 soldados caídos en la batalla. La mayoría de ellos, sin identificar.

El padre del cineasta alemán Volker Schlöndorff, ganador de la Palma de Oro en Cannes en 1979 con El tambor de hojalata, participó como enfermero en la batalla de Verdún. “Jamás le oí hablar de ella de manera heroica; todo lo contrario. Lo hacía con horror”, ha dicho Schlöndorff, director de Diplomacia, una historia basada en esa batalla. El cineasta es en esta ocasión el encargado de la puesta en escena de los actos del centenario que terminarán con la interpretación de la 7ª sinfonía de Beethoven.

La crisis de Grecia, la de los refugiados, la política monetaria, el auge de los populismos y el referéndum británico para abandonar la UE están poniendo a prueba al club y su eje principal. El distanciamiento entre París y Berlín se inició el pasado año con la crisis de Grecia y continuó con la de los refugiados. Ahora se enfrentan por la política monetaria.

El Gobierno de Merkel ha acusado al presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, de favorecer a la ultraderecha alemana con sus bajos tipos de interés y de expropiar los ahorros de los alemanes y París ha respondido con contundencia. “Las críticas alemanas a Draghi son excesivas y peligrosas”, ha declarado a este periódico el gobernador del Banco de Francia François Villeroy de Galhau. “Son declaraciones de consumo interno”, opina Joaquín Almunia, exvicepresidente de la Comisión y ahora miembro del comité de orientación de Notre Europe, del Instituto Jacques Delors. “Francia y Alemania han demostrado ser capaces de hacer acuerdos a pesar de las discrepancias”.

Ambos países iniciaron la simbólica reconciliación en Verdún ya en 1932 con la construcción del osario de Douaumont que alberga los restos de 130.000 soldados desconocidos de ambos bandos. Pero solo ocho años después volvieron a enfrentarse en Verdún en el marco de la II Guerra Mundial. Ha sido la UE la que ha logrado este largo periodo de paz. Pero tampoco las circunstancias nacionales ayudan para revitalizar ahora el proyecto. “Dudo que ninguno de los dos pueda proponer nada antes de las próximas elecciones en ambos países el año que viene”, afirma Christian Lequesne, el politólogo de Science Po y miembro del grupo franco-alemán del Instituto Montaigne.

“Necesitamos un pacto franco-alemán”, ha escrito en Le Monde Elisabeth Guigou, presidenta de la comisión de Asuntos Exteriores de la Asamblea Nacional. “Si no, la UE morirá a fuego lento”. A ambos países les une el rechazo frontal al Brexit. Hollande ha anunciado que sea cual sea el resultado del referéndum británico del 23 de junio Francia y Alemania presentarán un nuevo proyecto para Europa. “Tienen que hacerlo. El eje París-Berlín tiene que marcar la línea”, afirma Almunia.

París propone reforzar la Eurozona con un gobierno, un parlamento y un presupuesto propios y confía en el apoyo alemán a pesar de las profundas discrepancias en el terreno monetario. El relevo de su ministro de Exteriores, Laurent Fabius, por el germanófilo Jean-Marc Ayrault facilitará el entendimiento. Lequesne insiste en que es difícil que ambos países consigan relanzar la UE a corto plazo. “Se necesita construir un núcleo duro que incluya al Benelux, España, Italia y Finlandia, pero me temo que no habrá ninguno de la nueva Europa central”.

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