La Casa Blanca de Melania: camas separadas y mucho dorado

  15 Julio 2019    Leído: 339
  La Casa Blanca de Melania:   camas separadas y mucho dorado

Es la primera vez, desde Kennedy, que el presidente y la primera dama duermen separados. Además, su afición al dorado se aprecia en moquetas y cortinas.

De las muchas cosas que han cambiado en la residencia de la Casa Blanca desde que la ocupa la familia Trump, la más relevante es que, por primera vez desde los años de John F. Kennedy, el presidente y la primera dama duermen en habitaciones separadas. Es de las pocas cosas que se saben de los cambios que Donald Trump y su mujer, Melania, han hecho en las habitaciones de la tercera planta, donde reside la familia del presidente de Estados Unidos desde el año 1800.

Es cierto que el «toque Trump» está presente en todo el edificio, sutilmente patente a través de un gusto por el color dorado y pequeños detalles como la aparición de grandes fotografías de la primera dama -a solas, con su marido y con líderes mundiales como los Netanyahu de Israel- en las salas donde trabaja el equipo de prensa del presidente. Es, precisamente, la primera dama quien, más por tradición que otra cosa, está a cargo de la decoración del edificio.

La Casa Blanca es a la vez un museo, una residencia y la oficina de trabajo más importante de Estados Unidos y tal vez el mundo. Es un laberinto de sótanos, pasillos y anexos construidos intrincadamente alrededor de un edificio mandado construir por George Washingtonen estilo neoclásico, que ha sido renovado integralmente dos veces en su historia, la última por Harry y Bess Truman entre 1949 y 1952.

Tradicionalmente, cada presidente desde los Kennedy decora a su gusto las habitaciones reservadas para la familia, situadas todas en el tercer piso. Son doce estancias, siete baños, un balcón acristalado y un anexo de oficinas distribuido a lo largo de un largo pasillo que sirve, además, de salón de estar y que se ha hecho famoso por aparecer en todo tipo de películas y teleseries.

Una decoradora de lujo
Para renovar esta zona privada, los Trump contrataron a Tham Kannalikham, una decoradora de interiores que, habitualmente, trabaja para la casa norteamericana Ralph Lauren. No hay fotos ni detalles de su trabajo, sólo lo que ha publicado la prensa local norteamericana: que el presupuesto público que tiene el presidente para hacer los cambios en su residencia es de 100.000 dólares (unos 89.000 euros) y que Trump se gastó dos millones, que debe pagar de su bolsillo.

Lo cierto es que desde que Jackie Kennedy pusiera orden en las trastiendas y almacenes de la Casa Blanca y convirtiera esta en un museo habitado, sus sucesoras en el cargo de primera dama han tenido miles de valiosísimos muebles entre los que elegir para su propia decoración. A juzgar por los interiores de la Torre Trump en Nueva York, el presidente es un gran aficionado al dorado, y ha encontrado abundantes moquetas y cortinas en ese color para su despacho y otras habitaciones. La mayoría, de hecho, han sido reutilizadas de los años de Ronald Reagan, Bill Clinton y los dos George Bush. Pero Kannalikham, la diseñadora contratada, es más conocida por su preferencia por la sobriedad y los colores pastel, algo que contrasta con el gusto del presidente.

En los dos años y medio que los Trump llevan en la Casa Blanca, estos han hecho también retoques muy importantes para el mantenimiento del edificio, reformas que habían sido aparcadas por los Obama antes. En el verano de 2017, la primera dama ordenó cambiar el sistema de aire acondicionado y calefacción; reconstruyó las escaleras del patio trasero, el de las grandes columnas en semicírculo, con piedra caliza traída desde Indiana, e hizo instalar nuevas luces en los jardines que le han dado una nueva luz nocturna al edificio.

El atrevimiento de Melania
La primera dama se ha atrevido a algo que sus antecesoras llevaban décadas posponiendo. Dice la leyenda que uno de los ídolos de Trump, el presidente Andrew Jackson, plantó en el patio trasero, junto a la columnata, la semilla de un magnolio cuando en 1829 ganó las elecciones de forma inesperada, sorprendiendo a todo el mundo. Ese magnolio, que ha aparecido en millones de retratos y fotos y hasta en los billetes de veinte dólares, empezó a torcerse hace décadas y cuando Trump llegó a Washington era ya una sombra curvada de lo que había sido en su esplendor, amenazando con desplomarse sobre algún visitante.

La primera dama, para sorpresa de historiadores y conservacionistas, lo retiró. Una lluviosa mañana de diciembre de 2018 los jardineros comenzaron a cortar las frondosas ramas que cada primavera daban unas delicadas flores rosáceas muy comunes en el sur de Estados Unidos. Para compensar esta pérdida, Melania Trump plantó un esqueje de un roble que trajo a la Casa Blanca Ike Eisenhower en 1953. Dijo en la ceremonia, en la que cavó la tierra con una pala, que se convertiría «en todo un monumento».

Un roble puede vivir hasta 600 años. En apenas 227 años de historia, la Casa Blanca ha visto pasar a 44 familias. Son inquilinos temporales que, de hecho, lo más duradero que pueden hacer es plantar un árbol.

Abc


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