Brexit: los tres años que han hecho del Reino Unido un país de extremistas

  23 Junio 2019    Leído: 388
  Brexit:   los tres años que han hecho del Reino Unido un país de extremistas

En el Museo Británico, la desoladora y bellísima exposición de Edvard Munch titulada 'Amor y Angustia' incluye una versión de su famosa obra 'El grito'. La muestra, por puro azar, coincide y capta el humor nacional de los británicos con el ‘brexit’. "Una mezcla de desesperación y furia",  resumía la comisaria, Giula Bartrum. "Much es el hombre del momento".

Han pasado tres años desde el referéndum de la salida de Europa. Tres años de disputas, confrontación, frustración y ansiedad, que han convulsionado al Reino Unido. El ‘brexit’ es un proceso kafkiano e irresoluble, trasformado en un virus que ha ido debilitando el sistema político, la economía y el tejido social. El país es hoy más vulnerable al populismo y al extremismo. Donald Trump y Nigel Farage se frotan las manos.  Boris Johnson tiene todas las cartas para ser el nuevo primer ministro.

La imagen internacional de la que ha sido influyente potencia mundial está quedando tan dañada que resulta irreconocible.  Nada es como era antes de la consulta y no lo volverá a ser jamás. "Me parece muy triste lo que están haciendo. Su papel en el mundo se va a reducir, su economía va a sufrir y el impacto en la sociedad será enorme", declaraba este jueves el primer ministro de Holanda, Mark Rutte, que pasa por ser uno de los mejores aliados del Reino Unido en la Unión Europea.

Furiosos y radicalizados
El ‘brexit’ que en el 2016 les vendieron a los británicos era simplemente imposible. Un fraude jaleado por oportunistas como Farage o Johnson, alentando falsas esperanzas de oportunidades infinitas, liberación del yugo de Europa, e independencia nacional. Del aquel pretendido optimismo y aquella euforia inicial no queda nada. Quienes votaron a favor de la salida se sienten burlados. Los que lo hicieron por la permanencia están furiosos al ver venir una catástrofe que no pueden evitar. Las posiciones de unos y otros se han radicalizado.

Un análisis publicado en enero por Changing Europe mostraba que los votantes tienden ahora a definirse por su preferencia, a favor o en contra de salida de Europa, más que por su afiliación a un partido. Es algo que ya se ha visto en las recientes elecciones europeas con la fuga de votantes conservadores al Partido del Brexit y de laboristas al de los liberales proeuropeos que reclaman un segundo referéndum. Otro estudio del King’s College de Londres, realizado justo después de esos comicios, mostraba cómo la radicalización hace difícil un futuro compromiso de salida. Los votantes no quieren ningún tipo de acuerdo, suave a duro. "La gran mayoría eligieron entre la permanencia o entre la salida sin acuerdo (45% y 33% por ciento respectivamente)". 

Universo paralelo

El balance del último trienio es ruinoso. La crisis política ha degenerado en un conjunto de tribus caóticas, rebeldes e indisciplinadas. Ha fracturado a conservadores y laboristas, las formaciones tradicionales. El Parlamento se halla exhausto con debates y votaciones sobre el ‘brexit’ que han terminado con Theresa May. El problema fundamental de cómo sacar al país de Europa sigue ahí, una tarea terriblemente técnica y complicada, para la que, desde el principio, el Gobierno de May no estaba preparado.

En el Partido Conservador, los ultras del 'brexit' han creado y viven en un universo paralelo. El miedo a Farage por un lado, y a Jeremy Corbyn desde la extrema izquierda por otro, empuja al potencial sucesor de May hacia un 'brexit' duro o a una salida sin acuerdo. Johnson ha advertido que los 'tories' se arriesgan a quedar extinguidos. "Nos enfrentamos a una crisis existencial y no nos perdonarán si no cumplimos con el ‘brexit’ el 31 de octubre"”, repitió durante la campaña para ser el nuevo líder. El Partido Conservador es hoy un partido de extremistas.

Unidad nacional amenazada
La incertidumbre del ‘brexit’ ha reavivado el debate sobre la independencia de Escocia y la frontera en Irlanda pone en peligro el futuro de la provincia en el norte de la isla. A los militantes conservadores parece no inquietarles. Como revelaba una encuesta esta semana, preferirían sacrificar la unidad nacional en Escocia e Irlanda del Norte a renunciar al ‘brexit’. Tampoco les importaría tener a Farage como líder. La consigna en el Partido Conservador es liquidar el ‘brexit’ a toda costa, sean cuales sean las consecuencias, para evitar la fuga de votantes.

El Gobierno ya ha gastado 100 millones de libras, de dinero público, en consultoras privadas para planificar una salida desordenada de la UE. Esa posibilidad es ahora más factible tras la caída de May y con Johnson como posible primer ministro. El Banco de Inglaterra ha advertido que esa opción, sin periodo de transición para proteger el comercio, puede provocar una situación peor que la de la crisis financiera del 2008. Ya hoy la economía británica es un 2% menor de lo que hubiera sido de optar el país por permanecer en la UE. La libra esterlina ha caído un 15% desde el 2016 con respecto al dólar.

Las incontables advertencias de la patronal, las multinacionales o la sanidad pública sobre la debacle que se avecina, no han servido de nada. Airbus amenaza con dejar de fabricar las alas de sus aviones en el Reino Unido. La producción de automóviles en Gran Bretaña se ha desplomado con una caída del 44.5%. Nissan ha renunciado a fabricar uno de sus nuevos modelos de coche en la planta de Sunderland. El sector del acero británico está en liquidación. La naviera P&O que cruza el canal de la Mancha registrará sus barcos en Chipre. Sony se lleva de Londres su cuartel general para Europa y se marcha a Ámsterdam. Numerosos bancos de la City londinense han trasladado personal a Frankfurt, París y Dublín. Cuando el año pasado Johnson fue preguntado sobre esta preocupación de las empresas, su respuesta fue: "Fuck business" ("Los negocios, que se jodan").

"El ‘brexit’ es el mayor acto de autolesión nacional desde Suez (la crisis con Egipto en 1956) y es irreversible", concluye Camilla Cavendish, la que fuera jefa de la unidad política de Downing Street con David Cameron, el hombre que montó el desaguisado.

Elperiodico


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