El origen de la cicatriz de Joaquin Phoenix, la marca de un actor atormentado

  16 Octubre 2019    Leído: 360
El origen de la cicatriz de Joaquin Phoenix, la marca de un actor atormentado

Para la extrema interpretación de «Joker», Phoenix perdió más de veinte kilos, no hablaba con nadie y casi se enfrenta a Robert de Niro por un «choque de métodos».

Como su Arthur Fleck, Joaquin Phoenix sabe lo que es sufrir en silencio. El sistema no le marginó, como al protagonista de «Joker», pero sí demostró poca empatía con la dolorosa tragedia que vivió cuando acababa de cumplir 19 años. Lloró y gritó cuando su hermano River murió en sus brazos por una sobredosis, hace ahora un cuarto de siglo, pero fue el único desahogo que se permitió el «segundo de los Phoenix», que dejó durante años la interpretación y todavía hoy muestra un resentimiento sarcástico al hablar del tema. Se retiró junto a su familia a Costa Rica y no dijo ni una palabra en público, pero los medios de comunicación no respetaron su luto y reprodujeron, sin pudor, su desesperada llamada al servicio de emergencias en la puerta de The Viper Room. Una experiencia que tiene sus ecos en la actualidad, antecedente directo de su distante relación con la prensa.

Poco antes de su muerte, River aconsejó a su hermano que recuperara el nombre de Joaquin y no usara más el artístico, Leaf (Hoja). También le lanzó una especie de órdago que, como un mal augurio, terminó cumpliéndose: «Vas a ser actor y serás más conocido que yo». «Mi madre y yo nos miramos en plan: "¿De qué mierda está hablando?" No sé por qué dijo eso o qué sabía de mí en ese momento. No había estado actuando. Lo dijo con un conocimiento que me parecía absurdo en ese momento, pero, por supuesto ahora, en retrospectiva, piensas: "¿Cómo diablos lo sabía?"», contó Phoenix en una entrevista a Vanity Fair.

Pese a su incredulidad inicial, o precisamente por ella, Joaquin Phoenix terminó hallando consuelo en ese triste presentimiento. El cine le ha servido para canalizar el dolor y las consecuencias de la temprana pérdida de su hermano, pero hasta que aprendió a gestionar su implicación, también le ha hecho sufrir, sobre todo por el gran compromiso emocional que siempre ha establecido con sus papeles. Cuenta su madre, Heart, que durante el rodaje de la comedia «Dulce hogar... ¡a veces!», a las órdenes de Ron Howard, un adolescente Phoenix sacudió la melancolía de su personaje contra el consultorio de su padre, dentista; lo destrozó y rompió a llorar después. «Tuve que ir al set y abrazarlo, porque él solo llevaba dentro lo que creía que sentía ese niño», explica.

Un aura de fatalidad que le ha acompañado hasta en las pruebas de casting. Dos años después de la muerte de River Phoenix, la asistente de casting de la película «Todo por un sueño» (Gus Van Sant), Meredith Tucker, afirmó que la audición de Joaquin era la mejor que ha visto nunca. Cuando lo vio el director, se echó a llorar: «No me di cuenta de que eso sucedería, pero fue bastante triste».

Como Johnny Cash, a rehabilitación
Una década después, se metió en la piel de Johnny Cash en «En la cuerda floja», y el biopic del cantante fue un punto de inflexión en su carrera como actor. Cash perdió también a un hermano cuando tenía doce años, y la experiencia de rodar la película dirigida por James Mangold le ayudó a Phoenix a digerir su propia vida. «Creo que me di cuenta de que las experiencias que estaba teniendo como actor se estaban volviendo más profundas para mí», reconoció en Vanity Fair sobre ese papel. «Existe este sentimiento revelador, y parece como si cada paso estuvieras bailando más y más cerca de "la cosa"». Por «la cosa», claro, se refiere a la muerte de River Phoenix, una especie de Rosebud para el actor.

Aunque ahora asegura que es capaz de separar mejor su vida de los personajes que interpreta, tal fue la implicación en la película sobre la adicción a las drogas y el alcohol del cantante de country que, al terminar el rodaje, Joaquin Phoenix tuvo que pasar por rehabilitación.

Más allá de la muerte de su hermano, esa presencia vulnerable pero también trágica ha perseguido a Joaquin Phoenix durante toda su carrera. El actor lo reconoce, y atribuye su afinidad por personajes como Johnny Cash o Arthur Fleck a una «angustia cósmica», posiblemente algo «prenatal», que va en su naturaleza.

Como esa leonina mirada, oscura a pesar de sus ojos claros, que perturba a todos menos a Rooney Mara. Como esa cicatriz sobre su labio superior, una marca de nacimiento con leyenda propia: ni es consecuencia de una operación por labio leporino ni firma de una violenta pelea, el actor nació con ella y, según ha contado en alguna ocasión, su madre siempre la vinculó a un intenso dolor que sintió durante el embarazo. Una cicatriz que, como el hoyuelo en el mentón de Kirk Douglas, es ya seña de identidad de uno de los mejores actores de su generación, capaz de pasearla bajo la corona láurea de su Cómodo en «Gladiator» y de romper la simetría de la triste sonrisa que se dibuja frente al espejo su Joker.

Para su extrema interpretación de Arthur Fleck, cuya infernal locura pasea en un Gotham muy parecido al Nueva York de Travis Bickle («Taxi Driver») y Rupert Pupkin («El rey de la comedia»), Joaquin Phoenix tuvo que perder más de 20 kilos y no hablaba con nadie. Hasta le tuvieron que obligar a participar en una lectura de guión, única exigencia que hizo Robert de Niro, su actor favorito. Investigó sobre narcisismo y criminología para el papel, y estudió los movimientos de Buster Keaton y Ray Bolger, el espantapájaros de «El mago de Oz», en «The old shoft shoe» (1957), que inspiró ese espeluznante baile que tan bien expresa la locura de Fleck en «Joker». Para el hombro «dislocado», que Todd Phillips comparó con los pájaros atrapados en el petróleo vertido en el Golfo de México, Joaquin Phoenix no tuvo que hacer nada; como la cicatriz, también le venía de fábrica.

abc


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