El dilema cubano de Trump: mano dura o pragmatismo

  01 Diciembre 2016    Leído: 233
El dilema cubano de Trump: mano dura o pragmatismo
A propósito de Cuba, el presidente electo de Estados Unidos está ante una complicada disyuntiva. Tiene dos alternativas: O rompe relaciones con La Habana, plegándose a las presiones del lobby anticastrista.
O, por el contrario, mantiene el acuerdo diplomático, haciendo gala de ese pragmatismo típico de los hombres de negocios. © SPUTNIK/ A Cuba no le preocupa Fidel sino Trump quien, sin escrúpulos, violó le ley del bloqueo La primera pista que ha dado Donald Trump sobre sus intenciones ha sido a través de las redes sociales. "Si Cuba es reacia a llegar a un mejor acuerdo para los cubanos, los cubano-estadounidenses y EEUU en su conjunto, pondré fin al acuerdo". Ese era el mensaje en Twitter. Suena amenazador, pero también puede esconder una forma agresiva de negociar. Dentro de esta ambigüedad calculada, parece que la idea pasa por pedir a Raúl Castro "ciertos movimientos previstos" "en la dirección correcta" para que sigan normalizándose las relaciones bilaterales. Eso es lo que ha subrayado Reince Priebus, quien será a todas luces el jefe de Gabinete de Trump a partir del 20 de enero. La actitud del próximo jefe de Estado norteamericano sobre este particular ha ido concretándose a medida que avanzaba la campaña electoral.

"Las señales de Trump con Cuba no son buenas" Durante las primarias, dijo que 50 años de embargo eran suficientes; no obstante, el influyente voto hispano de Florida —que como siempre fue decisivo— le llevó a endurecer sus palabras e incluso a prometer cerrar la embajada recién abierta en La Habana. "El concepto de apertura con Cuba —50 años es suficiente— está bien. Creo que deberíamos tener un acuerdo más fuerte", expresó concretamente entonces. En marzo de este año, en el debate presidencial republicano celebrado en Miami se explicó un poco más: "Creo que estoy como en el medio. No tenemos a la gente correcta negociando, tenemos a gente que no tiene idea".

Y, seis meses después, en un mitin que también tuvo lugar en Miami, expuso sus cartas y condicionó su decisión al respecto a que "el régimen de Castro cumpla nuestras demandas. No mis demandas. Nuestras demandas. Estas demandas son libertad religiosa y política para el pueblo cubano. Y la liberación de los presos políticos". Trump clarificó algo después su posición en una entrevista publicada el 11 de agosto en el diario The Miami Herald, probablemente el más influyente de Florida. Allí se decantó por prohibir a Cuba que busque compensaciones económicas por las cuantiosas pérdidas que ha provocado el embargo comercial, iniciado en 1960 con John F. Kennedy y mantenido por otros ocho presidentes más, tanto demócratas como republicanos.

De nuevo acudimos a la literalidad: "En cualquier acuerdo que se haga se va a poner un párrafo destacado por el que, bajo ninguna circunstancia, Cuba podrá poner, dos años después, una demanda de 3.000 millones de dólares a EEUU en concepto de indemnización". El problema de este "párrafo destacado" radica en que eso descartaría también la medida recíproca, esto es, los esfuerzos de los cubanos exiliados en Florida y otras regiones de EEUU que quieren que La Habana les compense por los negocios que fueron confiscados en su día por el gobierno castrista. ¿Qué significa eso de "estar en el centro"? Seguir negociando y ralentizar el proceso de normalización. Nada de volver a la Guerra Fría pero tampoco dejar de amenazar a las autoridades cubanas. Aplicar la teoría del palo y la zanahoria. Pero todo esto son sólo indicios y no realidades.

Por otro lado, todas las concesiones que Barack Obama le otorgó a Raúl Castro se tramitaron a través de una Orden Ejecutiva, es decir, un decreto presidencial que tiene rango de ley y que no necesita la autorización previa del Congreso. Eso también significa que el siguiente inquilino de la Casa Blanca puede dar perfectamente marcha atrás a esas medidas y desmontarlo todo. Sólo bastan un par de firmas. Trump llamó "dictador brutal" al recientemente fallecido Fidel Castro y prometió que "hará todo lo que posible para asegurar que el pueblo cubano pueda finalmente empezar su viaje hacia la prosperidad y la libertad". Pero en el fondo es un pragmático de los negocios, y su principal mandato reside en mejorar la economía nacional, el comercio y el mercado laboral.

El nuevo presidente no puede olvidar la presión de empresarios, comerciantes y agricultores que demandan el fin del bloqueo para colocar sus productos y servicios en la isla caribeña.

La inédita mejora de las relaciones bilaterales se ha hecho patente en el transporte de pasajeros. Al menos dos compañías aérea estadounidenses —American Airlines y JetBlue— vuelan regularmente desde agosto-septiembre a destinos directos cubanos, incluida La Habana. Y otras firmas del sector, como Delta, se han sumado a este negocio que no es sólo turístico… Se trata de intereses económicos norteamericanos valorados en miles de millones de dólares, un montante nada despreciable que seguro es valorado por Trump en su justa medida. Grandes empresas como AT&T o Visa también están tremendamente interesadas en entrar en el mercado cubano. Revertir este proceso sería muy impopular. Además, el perfil demográfico de Miami ha ido cambiando y ahora el 54% de la comunidad de origen cubano apoya el levantamiento de las sanciones. A nivel federal, las cifras son similares: el 58% de los estadounidenses se muestra favorable a la apertura diplomática iniciada por Obama con los auspicios del papa Francisco. Otra circunstancia a tener en cuenta es que una parte influyente de los republicanos del Congreso favorece el fin del embargo, al considerar que la actual política limita las exportaciones y perjudica la competitividad de EEUU, uno de los valores que más ha defendido Trump ante los electores. Estos legisladores creen que acabar con esa barrera supondrá un impulso interno y externo y "ayudará a promover el desarrollo económico y los derechos humanos de los cubanos".

Una buena señal para conocer la tendencia de Trump será conocer el nombre de su nuevo secretario de Estado. Si el elegido es Mitt Romney, La Habana no celebrará nada porque el exgobernador de Massachusetts favorece mantener el embargo y ha sido muy crítico con Castro. También están en las quinielas el exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, el senador republicano por Tennessee Robert Corker, y el exdirector de la CIA David Petraeus. Con Raúl Castro, Cuba ha entrado en la senda de las reformas económicas a un ritmo lento y pausado. La disposición de Trump puede favorecerlas —o no— y generar —o no— beneficios en su país. La incógnita es saber si la nueva generación de hombres menores de 45 años que ya controla el Comité Central del Partido Comunista Cubano impondrá el modelo chino o el vietnamita.

Sputnik

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