Los ataques de la artillería, los cohetes de la aviación y los barriles bomba —artefectos explosivos improvisados— lanzados desde helicópteros siguieron cebándose este miércoles por segundo día consecutivo con la población civil en los barrios del este de Alepo controlados por los rebeldes sirios. Fuentes sanitarias y de la defensa civil aseguraron que bombardeos del régimen con apoyo ruso golpearon a un hospital infantil y a un banco de sangre, donde perdieron la vida dos niños y el conductor de una ambulancia.
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Los informes del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos se limitaron a constatar la muerte de 32 civiles —entre ellos cinco menores—, que se sumaron a las 11 víctimas mortales registradas el martes, cuando se reanudó la ofensiva contra la parte oriental de la ciudad después de tres semanas de tregua unilateral desde las filas gubernamentales.
La oposición acusa al régimen del presidente Bachar el Asad —que está apoyado por aliados chiíes iraníes y libaneses, y por la aviación rusa— de la ofensiva contra zonas residenciales. El Gobierno de Moscú, sin embargo, ha negado su implicación y asegura que mantiene la moratoria de operaciones militares en Alepo que aprobó el pasado 18 de octubre, y que sus cazabombardeos Su-33 solo están interviniendo contra milicias islamistas insurgentes en las provincias de Idlib y Homs.
El hospital infantil Bayan, situado en el distrito de Shaar, ya había sido atacado en anteriores ocasiones, según informaron a Efe fuentes de la Asociación Independiente de Médicos Sirios desde Turquía. El director del centro sanitario, el doctor Hatem, dijo a través de las redes sociales que los pacientes y el personal médico se habían refugiado en los sótanos del edificio, donde permanecían atrapados anoche ante la intensidad de los bombardeos en la ciudad, dividida desde 2012.
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