Así, entre 2012 y 2016 cuatro zapadores murieron y otros dos resultaron gravemente heridos mientras hacían su trabajo en las montañas de Kopanoik, `plagadas` con bombas de racimo. Pero el peligro real es que la mayoría —un 93%— de las víctimas del `legado de la Alianza Atlántica` y de los conflictos de los noventa son civiles, entre ellos muchos niños. Las bombas de racimo sin detonar se concentran en la zona fronteriza con la región capitalina, así como en las aguas de los ríos de Danubio y Sava —los puentes fueron blancos regulares de la aviación de la OTAN—.
Eliminar este tipo de municiones es costoso y requiere enfoques especiales en la formación de los zapadores. Debido a su construcción, no se pueden ni desactivar ni trasladar por el peligro de explosión —cualquier contacto físico puede causar la detonación—. Por tanto, se estallan de manera controlada una vez halladas. Los especialistas rusos desempeñan un importante papel en el proceso de desminado en Serbia, según el Centro. Entre 2008 y 2015, cientos de rescatistas y zapadores rusos ayudaron a sus colegas serbios a liberar unos 4.6 millones de kilómetros cuadrados de las tierras serbias. Además, unas 13.000 municiones fueron halladas y eliminadas.
Sputnik
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