El Barça proclama su impotencia y regala la Liga

  01 Julio 2020    Leído: 245
El Barça proclama su impotencia y regala la Liga

Los azulgranas suman su tercer empate en cuatro partidos con la fatalidad de los equipos ahogados en su decadencia y que necesitan cambio de ciclo.

Espero sinceramente que el presidente del Barcelona, Josep Maria Bartomeu, y su abogado personal, José Ángel González Franco, estén disfrutando de los aspectos más traseros del fichaje de Griezmann, porque tanto el equipo como los aficionados hemos renunciado a él para los partidos importantes del final de la temporada. ¡Con lo que costó traerle! De hecho, la única explicación de su incorporación al Barcelona son las ramificaciones de su elevado, injustificado precio. Sin el francés y con Riqui Puig en el once inicial, Setién intentó hacer ver ayer que aún cree que puede ganar la Liga. Con poca fe, es verdad, con esa cara de estreñimiento permanente que se le ha puesto a lo Valverde, y que reflejó su máxima impotencia la semana pasada en Balaídos, cuando vio cómo Messi desatendía las explicaciones que intentaba darle su segundo, Eder Sarabia. Todo en este club cae a trozos y seguirá cayendo hasta que Bartomeu no deje de hacer el ridículo -y cosas peores- y de una vez se marche.

El Atlético empezó fuerte, valiente, yendo a buscar el partido. El Barça tenía en Riqui su vivacidad, su revulsivo pero quien primero marcó fue Diego Costa en propia puerta, de un taconazo soberbio que habría sido un golazo en la portería de Ter Stegen. Gol raro, como el Barça en general y como el color del pelo de Riqui Puig, de color caoba por arriba y más oscuro a partir de las orejas. El peinado de Messi, a lo Kim Jong-un, demostraba que se puede ser un genio y un hortera, todo a un mismo tiempo.

Arturo Vidal le hizo un penalti más claro imposible a Carrasco, un penalti de bruto que llega tarde y se lo lleva todo por delante. Lo chutó Costa y lo paró Ter Stegen. Redonda noche de Costa, pero en favor del Barça. Al cabo de algunos minutos, antes de que lanzara el córner que vino a continuación, el árbitro, a instancias del VAR, comandado por el catamañanas de Mateu Lahoz, mandó repetir el penalti porque Ter Stegen se había movido y no tenía, por cinco centímetros, por lo menos un pie sobre la línea. Académica repetición, nada que decir, pero de tan rigurosa un poco absurda. Con decir Mateu, basta. Messi enroscó luego un disparo al palo derecho de Oblak. Llevaba tres partidos sin marcar, pero no por ello dejaba de intentarlo. Partido igualado que levemente decantaba el Barça, pero no estaba claro que pudiera aguantar demasiado tiempo el esfuerzo que necesitaba.

El bochorno y el calor rebajaron paulatinamente el ritmo del encuentro, mucha humedad en Barcelona. Partido serio, responsable, sólido de los dos equipos; Diego Costa frustrado, nervioso, y el árbitro tuvo que advertirle: «Cuidado que se oye todo», con un sentido del humor bastante particular pero sin sonrisa. Messi administraba con más resignación su falta de puntería. A punto estuvo de marcar de falta, pero el excelente portero que es Oblak tuvo reflejos y mandó de un manotazo el balón a córner, Camino del vestuario, Messi le contó a Hernández Hernández cómo son en realidad las cosas, aunque no se veía al colegiado demasiado impresionado.

Lamentable carril derecho del Barça, con Semedo y Arturo Vidal, era para llorar. Era el símbolo de la oscuridad en que está sumido el Barça, del pozo de miseria y tiniebla del que sólo podrá salir echando fuera ya no del club sino de la ciudad a todos y cada uno de los que hoy mandan. El Barça, con más urgencias que el Atlético, volvió sin cambios del descanso.

La segunda mitad empezó con un penalti de Felipe a Semedo tan bruto e innecesario como el de Arturo Vidal de la primera parte. Marcó Messi a lo Panenka. Muy mal Felipe, que en la jugada siguiente se jugó la roja directa entrando con los dos pies por delante a Busquets. Gol 700 de Messi en partidos oficiales, contando el Barça y la Argentina. Se resistió pero llegó.

Diego Costa pudo empatar a continuación, de cabeza, pero no era la noche del brasileño. El Barça había hecho lo más difícil, con el segundo gol, pero todo en el equipo era muy precario. El Atlético subió la presión, los de Setién tenían más espacios, podía pasar cualquier cosa, pero al Barcelona sólo le valía la victoria y Simeone administraba la noche sabiéndolo. Quien no lo entendió fue Semedo, este absurdo, incomprensible jugador que nunca sabremos por qué lo fichamos, que le hizo un tontísimo penalti a Carrasco, que le había ganado la posición. Ter Stegen casi lo para, pero no. La oscuridad de Barça se encaramaba al marcador y la impotencia fue la característica. Incluso en la primera parte, bien planteada contra un equipo de Simeone, las flaquezas de este Barcelona vulgar, agotado y que nada tiene que ver con su identidad, quedaron al descubierto. Por no dar, Setién no dio entrada a Ansu Fati hasta el minuto 84, por Busquets, en una demostración de desidia, de dejadez, que le desacredita como entrenador y como líder de un colectivo. Es francamente triste asistir a esta degradación sin precedentes y que en los últimos minutos del partido, el mejor y casi único argumento del Barcelona, con lo que fue, acabaran siendo los patéticos intentos de remate de cabeza de Arturo Vidal, ninguno encontró el camino. El Barça tiró la Liga en Balaídos y ayer acabó de regalarla. No fue mala suerte, fue vergüenza descontrolada.

abc


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