De California a Montana: así es el legado español imposible de borrar de la toponimia de EE.UU.

  22 Junio 2020    Leído: 310
  De California a Montana:   así es el legado español imposible de borrar de la toponimia de EE.UU.

Hasta un 15% de los estados del país, como es el caso de California, Texas, Nevada, Colorado, Utah, Florida, Montana o Nuevo México, deben su nombre a la herencia española.

Los aztecas y otros pueblos indígenas llamaban la «Gran Chichimeca» al inmenso y hostil terreno que se situaba al norte de su imperio. Ellos, que sacrificaban a seres humanos y no eran monjitas de la caridad precisamente, se consideraban civilizados en comparación con los habitantes de la «Gran Chichimeca», un territorio que hoy ocupa el sur de EE.UU. y que los aztecas solían evitar. Hubo que esperar a las aventuras de Francisco Vázquez de Coronado, descubridor europeo del Cañón del Colorado, de Hernando Soto, de Ponce de León, de Juan de Oñate, de Cabeza de Vaca y otros intrépidos conquistadores para alumbrar las zonas más oscuras del mapa de Norteamérica.

Como apunta The Hispanic Council (un think tank dedicado a promover las relaciones entre España y la comunidad hispana de EE.UU.) en un reciente informe, la alargada huella de estos exploradores españoles resulta fácil de desempolvar simplemente siguiendo el rasgo de los numerosos topónimos hispanos todavía presentes en estados, condados y municipios del país presidido por Donald Trump. Sin ir más lejos, hasta un 15% de los estados del país, como es el caso de California, Texas, Nevada, Colorado, Utah, Florida, Montana o Nuevo México, deben su nombre a la herencia española.

El mencionado informe de Juan Ignacio Güenechea, que también se ha publicado en el Observatorio Cervantes de la Universidad de Harvard con el título «La herencia hispana y el español en la toponimia de EEUU», destaca el alto número de ciudades españolas con localidades homónimas en EE.UU. Así en la geografía estadounidense se pueden encontrar ciudades llamadas Sevilla, Granada, Salamanca, Madrid, Laredo, Durango, Valencia, León, Córdoba, Andalucía, Aragón, Oviedo, Ebro, Toledo, Coruña, Cádiz o Navarra. Muchas de estas se escriben directamente mediante su traducción al inglés como Seville, Andalusia, Navarre, Corunna o Grenada, mientras que algunas como Madrid han sido adaptadas con pequeños cambios como es el caso del condado de New Madrid.

Paradójicamente, gran parte de los nombres que recuerdan las hazañas de algunos estos conquistadores no fueron puestos por ellos o en tiempos virreinales, sino que estos fueron otorgados en épocas más recientes y dan muestra de que los propios ciudadanos estadounidenses fueron quienes quisieron recordar el legado histórico que comparten con el mundo hispano.

¿Cuál es el origen de los nombres?
Buscar el origen de los nombres de cada accidente geográfico, estado, condado o ciudad es un trabajo propio de un detective o un forense de las palabras. En su informe, Juan Ignacio Güenechea se hace eco de algunas de las hipótesis más verosímiles que hilan los nombres de los estados con un pasado español.

California

La teoría más comúnmente aceptada es que el nombre deriva de la obra «Las sergas de Esplandián», escrita por Garci Rodríguez de Montalvo y publicada en 1510. En el texto aparece un lugar imaginario e idílico llamado California, que estaba lleno de riquezas. Los descubridores de la región pensaron que aquellas tierras se parecían mucho a la descripción que ofrecía Montalvo y le otorgaron este nombre.

Colorado

La palabra ‘colorado’ proviene probablemente del color rojizo del río Colorado. Los primeros exploradores españoles en la región de las Montañas Rocosas que encontraron el río lo llamaron «tizón» o «colorado» por el sedimento que el agua arrastraba desde las montañas. De esta forma, la denominación se fue asentando en base al característico color de las aguas de este río y acabaría convirtiéndose en el nombre del estado.

Florida

El nombre del estado está estrechamente ligado a esta herencia hispana. Una de las teorías expresa que Ponce de León llamó así al territorio debido a su abundante vegetación y el colorido de esta. Sin embargo, la teoría más comúnmente aceptada entre los historiadores es que se denominó así a la zona ya que su «descubrimiento» coincidió con la Pascua de Resurrección, conocida también como Pascua Florida.

Montana

El nombre es una derivación de la palabra «montaña». Se debe a que los primeros exploradores españoles llamaron «Montaña del Norte» a la zona montañosa del oeste del territorio estadounidense. Con el paso del tiempo el estado de Montana obtendría su nombre de esta primera designación colonial, pese a que este estado tiene una elevación promedio de unos 1.030 metros, la más baja entre los estados de las Montañas Rocosas. nevada.

Nevada

La palabra «nevada» hace referencia a la abundancia de nieve presente en sus montañas. Fue el sacerdote español Pedro Font quien decidió llamar Sierra Nevada a una cordillera que se sitúa mayormente en el estado de California, pero que también penetra en el estado de Nevada y que fue el elemento que luego le dio nombre al estado. Escogió este nombre por su nieve y basándose en la cordillera granadina llamada igual.

Nuevo México

Francisco de Ibarra fue el primero en acuñar el nombre de Nuevo México para la zona, ya que conocía el territorio mexicano y la similitud del terreno le llevó a describir esta zona como un «Nuevo México». Más adelante, en la expedición de Chamuscado y Rodríguez, la región situada al norte del Río Grande se denominó San Felipe del Nuevo México y Juan de Oñate estableció el nombre de este estado de manera oficial en 1598.

Texas

La teoría más comúnmente aceptada es que el nombre de Texas proviene originalmente de la lengua nativa Caddo, utilizada en la zona este del territorio. Los nativos utilizaban la palabra taysha que significaba ‘amigos’ o ‘aliados’. Los españoles cogieron esta expresión y la castellanizaron dando lugar a la palabra Texas o Tejas, que de acuerdo con el castellano antiguo se pronuncian igual.

Utah

El nombre del estado deriva del nombre apache Yuttahih o Yuddah, que significa ‘está más arriba’ o ‘los que están más arriba’. Los exploradores españoles pronunciaron y escribieron esta palabra como ‘Yuta’. Lo que posteriormente produciría que las personas de habla inglesa la adaptaran como Utah.

Arizona y Oregón

En el caso de Arizona y Oregón, que también se encuentra en el área de actuación de los españoles, ninguna de las hipótesis vigentes que vinculan el nombre al paso de los europeos está aceptada de forma mayoritaria. De lo que no cabe duda es de que las pisadas españolas dejaron su hondo eco en estas dos regiones... Teorías no faltan.

En el caso de Arizona, existe una teoría que defiende que el nombre deriva de la expresión nativa alĭ sonak, que significa ‘primavera pequeña’. Los primeros españoles que exploraron el territorio castellanizaron la expresión dando lugar a la palabra Arizonac que con el paso del tiempo se convertiría en el nombre del estado. Otros autores sostienen que la forma de obtener el nombre fue así pero que la palabra original es Al Shon.

Otra teoría sugiere que el nombre está unido a España, pero no al español ya que provendría del vasco. Se piensa que el nombre de Arizona podría venir de las palabras vascas Aritz onak, que literalmente significan ‘robles buenos’.

Al respecto de Oregón, conocido por sus impresionantes zonas boscosas, la teoría principal asegura que el nombre proviene de la palabra francesa ouragan (huracán o tormenta de viento), y que estaría basado en cuentos de los nativos americanos sobre los poderosos vientos Chinook en la zona. En lo referente a su posible vinculación con España la teoría más extendida es que debe su nombre la palabra ‘orejón’ utilizada por exploradores españoles que definieron así bien a los nativos o bien a algunos accidentes geográficos. También se ha especulado con que el nombre puede derivar de la palabra ‘orégano’, que crece en la parte sur de la región.

abc


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