Filipinas, licencia para matar: el pulso de Duterte con Estados Unidos

  07 Octubre 2016    Leído: 401
Filipinas, licencia para matar: el pulso de Duterte con Estados Unidos
En la geopolítica, Filipinas es clave para el equilibrio de poderes en el sudeste asiático. Desde allí, EEUU planta cara a China y Corea del Norte. Duterte lo sabe y juega con ese poder
Filipinas vive hoy inmersa en una carnicería que tiene el benepláctico táctico del Gobierno. Así define Human Rights Watch lo que está ocurriendo en ese país desde que Rodrigo Duterte lanzara oficialmente su guerra contra las drogas el pasado 30 de junio, el mismo día en que fue proclamado presidente. En su discurso de investidura dejó muy claras sus intenciones: la policía tendrá vía libre para matar a cualquier sospechoso de vender o consumir drogas y los ciudadanos, también. Dicho y hecho. Según cifras oficiales, entre julio y agosto se registraron 2448 asesinatos en su país relacionados con el narcotráfico, de los cuales sólo 929 fueron víctimas de operaciones policiales mientras que 1507 fallecieron por los disparos anónimos de los llamados escuadrones de la muerte, que el propio presidente habría autorizado al invitar a la ciudadanía a armarse contra yonquis y traficantes.

A principios de octubre esa cifra superaba de largo los 3.000 muertos. Además, más de 10.000 personas han sido arrestadas y 700.000 han dado su nombre voluntariamente a la policía, entrando en oscuras listas que a veces les llevan a acabar también en las de los muertos. “Sentíos libres de llamar a la policía o hacedlo vosotros mismos (matar) si tenéis un arma. Tenéis mi apoyo” dijo Duterte en uno de los primeros mensajes que llamaron la atención fuera de sus fronteras. Sus declaraciones inauguraron una larga serie de despropósitos verbales, éticos y diplomáticos que están jalonando un curriculum con el que presidente se está ganando a pulso la enemistad del que hasta ahora era el principal aliado del país: Estados Unidos.

Filipinas no es sólo ese archipiélago de cien millones de habitantes plagado de crimen, drogas, corrupción y esencialmente, pobreza, cuyo presidente ha convertido en un sangriento cortijo de violencia sancionada y en el que cualquiera puede morir tiroteado por dudosos justicieros de la moralidad pública que arramplan con lo que encuentran a su paso, incluidos niños, ancianos y personas inocentes que nada tienen que ver con las drogas, como han denunciado las ONG y miembros de la oposición como Leila de Lima (a su vez acusada de corrupta). En la geopolítica internacional esta excolonia estadounidense (y española) siempre ha sido clave para el equilibrio de poderes en el sudeste asiático. Desde ella Estados Unidos le planta cara, junto con sus bases en Corea del Sur, a sus dos rivales históricos, China y Corea del Norte. Duterte lo sabe y, en un extraño pulso de consecuencias imprevisibles, ha empezado a jugar con ese poder.

El Confidencial

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