El Parlamento a Johnson: “No gaste nuestro tiempo ni nos falte al respeto”

  22 Octubre 2019    Leído: 696
  El Parlamento a Johnson:   “No gaste nuestro tiempo ni nos falte al respeto”

El presidente de la Cámara prohíbe que se vote de nuevo este lunes el acuerdo del Brexit del primer ministro británico.

El speaker (presidente) de la Cámara de los Comunes, John Bercow, dio este lunes un tirón de orejas a Boris Johnson. Como ya hiciese con Theresa May, su predecesora, Bercow recordó al primer ministro británico que la convención y los precedentes parlamentarios prohíben volver a someter a votación un texto en el mismo periodo de sesiones y no lo permitió con el acuerdo del Brexit debatido el sábado. Downing Street intentará que los diputados puedan pronunciarse este martes.

El Gobierno británico sabía que estaba tensando la cuerda y no le sorprendió la decisión de Bercow, aunque la protestara vehementemente. El speaker echó mano del venerado Erskine May, el manual por el que se conduce el Parlamento desde hace siglos, para amonestar a Johnson —quien ni siquiera se molestó en estar presente en su escaño— y pedirle que no malgastara “el uso sensato del tiempo de esta Cámara y respetara sus decisiones”.

Cuando el sábado una mayoría de diputados respaldó la ya famosa “enmienda Letwin” (por su autor, el diputado Oliver Letwin), el Gobierno sufrió la frustración de ver cómo se quedaba sin su jornada histórica. Johnson confiaba en lograr los 320 votos necesarios para sacar adelante su acuerdo del Brexit. En vez de eso, el Parlamento le obligó a pedir una nueva prórroga a la UE y se reservó su última palabra hasta que el Gobierno no registrara formalmente el contenido legal del acuerdo y se pudiera debatir y votar de manera reglamentaria. Downing Street decidió retirar el texto que había presentado y que no se votara. Minutos después, el ministro para las Relaciones con el Parlamento, Jacob Rees-Mogg, anunció que volverían a presentarlo este lunes.

Fue un contratiempo reglamentario pero no tanto político, porque a ojos del Gobierno contribuye a reforzar el mensaje que pretende enviar al electorado conservador euroescéptico. Las instituciones —y sobre todo el Parlamento— se oponen a cumplir con el mandato popular del referéndum de 2016, sugieren los partidarios de Johnson.

En cualquier caso, todo volvió a retrasarse pero nada cambió significativamente. El Ejecutivo ya había registrado en la Cámara el texto legal completo del acuerdo de retirada. Y por tanto, este mismo martes intentará que la Cámara se pronuncie y vote en primera lectura (Second Reading, en la jerga parlamentaria británica, porque el First Reading es simplemente la presentación formal de la resolución por parte de un miembro del Ejecutivo). Será ese momento, para todos aquellos que aún busquen un clímax en el eterno culebrón del Brexit, cuando llegue la hora de la verdad. La votación servirá para comprobar si Johnson cuenta con los 320 diputados necesarios para respirar tranquilo y que su acuerdo con la UE salga adelante.

Si el Gobierno logra esa victoria, se someterá a continuación al juicio de la Cámara una propuesta de calendario del trámite legislativo. El propósito de Johnson es acelerar al máximo todo el procedimiento, para que el acuerdo de retirada (en su condición de tratado internacional que necesita ser ratificado por el Parlamento) entre en vigor antes del 31 de octubre. El primer ministro habría cumplido con la promesa que le aupó al frente del Partido Conservador y Downing Street, y no sería necesario echar mano de ninguna prórroga, aunque la UE ya la hubiera concedido.

Nada en esta larga crisis política es, sin embargo, tan sencillo. El principal partido de la oposición se ha coordinado ya con otras formaciones para introducir este martes mismo una serie de enmiendas que alterarían considerablemente el espíritu y la letra del Brexit de Johnson, y que podrían obligar al Gobierno a replantarse por enésima vez su estrategia.

En primer lugar, los laboristas quieren incorporar al texto el compromiso de que el Reino Unido seguirá dentro del espacio aduanero de la UE. Ya en su día, cuando el Parlamento expresó su opinión no vinculante sobre esta posibilidad, obtuvo un notable respaldo. Muchos conservadores moderados vieron con buenos ojos la idea, aunque en esta ocasión podrían abstenerse de respaldarla. El problema con una resolución así es que modificaría drásticamente el pacto con Bruselas. Prácticamente obligaría a volver a cambiarlo.

Y en segundo lugar, el partido quiere condicionar el respaldo al Brexit de Johnson a que pueda celebrarse un segundo referéndum, para que la última palabra corresponda a la ciudadanía. La papeleta, sugieren, incluiría el respaldo al acuerdo de retirada y la opción de permanecer en la Unión Europea. El líder laborista, Jeremy Corbyn, no ha respaldado expresamente esta propuesta, pero probablemente se verá obligado a dejar que cobre vida. Son muchos en su formación —hasta su propio número dos, el portavoz económico, John McDonnell— los que consideran prioritario forzar una nueva consulta popular sobre el Brexit, antes que permitir que se puedan celebrar unas elecciones anticipadas. Las encuestas sitúan a Corbyn en una posición nefasta, pero no existe entre los críticos del laborismo la necesaria fuerza para intentar reemplazarlo.

elpais


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