Pregunta. ¿Cómo empezó su batalla?
Respuesta. La plancha que me mutiló cayó el 17 de septiembre. Pero el primer fondo de asistencia que se vota en el Congreso preveía indemnizaciones solo para aquellos que habían resultado heridos durante las primeras 96 horas: llegaba tarde por un día. ¿Imagina lo que habría hecho si hubiese entrado en el primer grupo? ¿Habría cogido el dinero olvidando a los compañeros? No tengo estudios pero sé distinguir el bien del mal. Denuncié y gané. Usé el dinero de la compensación para organizar la lucha. Y obligar a los que nos cerraban la puerta en las narices a recibirnos.
P. ¿Cómo lo hizo?
R. Éramos héroes, ¿no? Amenacé con presentarme a las primarias demócratas contra quien fuera. Organicé autobuses llenos de enfermos para presentarnos a los comicios. Creé una red que puso a los políticos entre la espada y la pared. Al final reaccionaron, pero nunca pidieron perdón por aquel comportamiento inicial, cuando decían que las enfermedades solo estaban en nuestra cabeza.
P. Y 15 años después todavía no ha acabado.
R. Cuanto más tiempo pasa, más diagnósticos nuevos surgen. El 30 de agosto, un estudio del Stony Brook Hospital hablaba de un nuevo mal: la pérdida de memoria detectada en el 13 % de las 818 personas en tratamiento allí. Alzheimer, demencia confirmada en el 1,2% de los casos. Enfermedades para las que no se prevé ninguna compensación. Fuera [quedan] también aquellos que enfermaron antes del 2005, demasiado pronto para la ley. Dicen que las Torres no tienen nada que ver, que ya estaban enfermos.
P. América vuelve a votar. Hillary contra Trump. ¿Cambiará algo?
R. Estamos asistiendo a una campaña electoral vergonzosa. Los candidatos usan el 11-S como propaganda. La memoria de aquel día ha perdido el significado. El 11-S solo es importante para aquellos que han perdido a sus seres queridos. Nosotros, los mutilados, los enfermos, hemos descubierto el mal otro día del año: pero de nuestro personalísimo 11-S, no se acuerda nadie.ElPais
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