Controversia en Estados Unidos por la libertad del “talibán americano”

  23 Mayo 2019    Leído: 581
Controversia en Estados Unidos por la libertad del   “talibán americano”

Después de más de diecisiete años encarcelado, hoy está programado que John Walker Lindh salga en libertad vigilada.

Ha zanjado la mayor parte de su condena de dos decenios en prisión por proveer de apoyo a Al Qaeda. ¿Castigo cumplido?

La respuesta siempre resulta discutible. Depende del prisma desde el que se mire.

La sombra del temor hace que el juez sólo le permita conectarse a internet bajo control y siempre en inglés

En este caso, incluso más. El californiano Lindh conecta con los atentados del 11-S del 2001, el peor ataque que ha sufrido Estados Unidos en su propio territorio. Su estampa, la de un joven veinteañero apresado en el frente de Afganistán, en otoño de ese mismo 2001, se vincula directamente con la considerada primera víctima estadounidense en esa guerra, el agente de la CIA, Johny Micheal Spann, de 32 años.


Lindh, que trató con Osama bin Laden, es conocido como “el talibán americano”. Eso ya explica gran parte del debate abierto en EE.UU. con su liberación. Su salida del presidio federal de Terre Haute (Indiana) ha provocado cuestiones y controversia.

Instituciones gubernamentales le han descrito en los últimos tiempos como una persona que continúa manteniendo puntos de vista fundamentalistas.

La decisión penitenciaria no sólo ha originado objeciones en la familia Spann y en víctimas del 11-S, sino que además plantea el temor a su implicación en posibles ataques terroristas.

El juez T.S. Ellis, del tribunal de Alexandria (Virginia), no es ajeno a esa preocupación y le ha impuesto una serie de obligaciones. Estará bajo supervisión en los próximos tres años. Le ha prohibido poseer dispositivos que puedan conectarse on line sin previa autorización. Si se la concede el encargado de vigilar su libertad, no podrá relacionarse en otra lengua que no sea el inglés y en todo momento se controlarán esas comunicaciones. Tampoco podrá salir del país sin autorización y deberá asistir a una terapia de salud mental.

Aunque todavía quedan algunos encarcelados en el limbo jurídico, su caso plantea idéntica preocupación que el de otros reos por sus actividades vinculadas al terrorismo yihadista que luego han recuperado la libertad. Hay un total de 346 detenidos y condenados. De estos, 88 han sido liberados y otros 19, incluido Lindh, alcanzarán esa situación entre este 2019 y el 2020.

Lindh, hoy cumplidos los 38, se convirtió del catolicismo al islam cuando tenía 16. Dejó California a los 17, en julio de 1998, para ir a Yemen a estudiar árabe. Su recorrido le llevó a Afganistán en el 2000, donde participó en campos de entrenamiento como talibán voluntario.


Al producirse la invasión y estallar la guerra de represalia, su detención emergió como algo excepcional. Estuvo encerrado en la fortaleza de Qala-i-Jangi, recinto en el que se produjo el motín en el que perdió la vida el agente de la CIA tras interrogar a Lindh. La Administración jamás presentó pruebas de que él participara en esa revuelta. La familia Spann sigue calificándolo de “traidor” porque no hizo nada por salvar a un compatriota.

De ahí lo trasladaron a un barco presidio de la Armada en el que lo interrogaron. Entonces lo llevaron a la base de Guantánamo, en Cuba, en junio del 2002.

Su condición de estadounidense hizo que fuera sometido a la justicia en un tribunal federal, a diferencia de los apresados de otras nacionalidades, a los que les correspondió la jurisdicción militar por ser “combatientes”.

Se expuso a una pena de cadena perpetua, pero en julio del 2002 sus abogados alcanzaron un acuerdo con la Fiscalía. A cambio de una pena de veinte años, Lindh condenó “inequívocamente el terrorismo en todos los niveles” y reconoció que los ataques de Bin Laden “iban en contra del islam”.

Sin embargo, dos informes gubernamentales sembraron sospechas. En uno, del 2016, se indicó que Lindh continuaba apoyando “la guerra global y escribiendo y traduciendo textos radicales”. En el otro, del 2017, se subrayó que seguía siendo un fanático religioso.

lavanguardia

 


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