China quiere que la reencarnación del Dalái Lama cumpla las leyes

  15 Abril 2019    Leído: 694
China quiere que la reencarnación del Dalái Lama cumpla las leyes

Tenzin Gyatso se recupera tras la última hospitalización.

No fue más que un pequeño susto. Después de permanecer tres días hospitalizado por una infección pulmonar en un hospital de Nueva Delhi, el Dalái Lama, líder espiritual de los budistas tibetanos, recibió anteayer el alta y se encuentra bien para alegría y alivio de sus seguidores. Sin embargo, este episodio ha reabierto el peliagudo debate sobre qué va a pasar cuando fallezca Tenzin Gyatso, como así se llama este monje, algo que preocupa dado lo avanzado de su edad (83 años) y el consiguiente deterioro de su salud.

Las autoridades de Pekín, sus enemigas juradas, parecen tenerlo claro. “La reencarnación de los budas vivientes, incluido el Dalái Lama, debe cumplir con las leyes y regulaciones chinas y seguir los rituales religiosos y convenciones históricas”, aseguró Lu Kang, portavoz del Ministerio de Exteriores, el día en el que se produjo el ingreso en el hospital. O lo que es lo mismo, que el nuevo dirigente espiritual debe contar con su beneplácito y aprobación, una postura fijada hace años para garantizarse la elección de alguien afín a sus intereses.

Sin embargo, el afectado y sus seguidores no están de acuerdo. En un comunicado del 2011, el líder espiritual aseguró que era inapropiado que el Gobierno chino supervise su reencarnación. “Dicen que están a la espera de mi muerte y que reconocerán al decimoquinto dalái lama a su elección. De sus leyes y regulaciones y de las declaraciones posteriores se desprende que tienen una estrategia detallada para engañar a los tibetanos”, añadió antes de decir que consultaría con sus compañeros más adelante sobre si la institución del dalái lama debe continuar.

China mantiene una política de puño de hierro sobre Tíbet y los derechos de la minoría autóctona

En una reciente entrevista con Reuters, también apuntó que su sucesor podría encontrarse fuera de las fronteras de Tíbet. Ante esta posibilidad, se puede dar el caso de que se nombren dos líderes supremos, uno por los tibetanos en el exilio y otro por el Gobierno chino. “En el futuro, en caso de que ­vean venir dos daláis lamas, uno de aquí, en un país libre, y uno elegido por los chinos, entonces nadie confiará, nadie respetará (al elegido por China)”, apuntó sobre esa posibilidad.

Vistos los antecedentes, no le faltan razones para temer que algo así pueda pasar. En el año 1995, el decimocuarto dalái lama nombró a un niño de seis años como la reencarnación del undécimo Panchen Lama, el segundo líder más importante tras él mismo en el escalafón del budismo tibetano. Sin embargo, el pequeño fue apartado por las autoridades chinas, que lo escondieron y lo reemplazaron por otro niño.

Han pasado 60 años desde que Tenzin Gyatso, venerado como un dios viviente por millones de budistas tibetanos, se despojó de su túnica para vestirse de soldado y escapar entre la muchedumbre de las tropas chinas de Mao Zedong que querían echarle el guante. Desde entonces, ha vivido en el exilio en India, logrando convertirse en un icono cultural y religioso, ganar el Nobel de la Paz en 1989 y ser una piedra en el zapato de los gobiernos chinos habidos hasta la fecha.

Aunque ya no aboga por la independencia para Tíbet, este religioso sigue demandando mayor autonomía. Las autoridades chinas no quieren ni oír hablar de esta opción. Si a él lo califican públicamente de “separatista”, “lobo vestido de monje” y lo acusan de no haber hecho “ni una sola cosa buena” por Tíbet, a los habitantes de esta región los mantienen a raya aplicando una política de puño de hierro lejos de las miradas de los periodistas.

Lavanguardia


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