La cara oculta que esconde la idílica vida de las «influencers»

  18 Marzo 2019    Leído: 160
La cara oculta que esconde la idílica vida de las «influencers»

«Continuamente enganchada al móvil y al ordenador», es una de las torturas de publicar tu vida en redes sociales.

Paula Ordovás comenzó en 2009 con su blog y, actualmente, además de tener casi medio millón de seguidores en Instagram y ser demandada por muchas firmas, tiene una marca de ropa, «My Peep Toes Shop». Diez años de andadura en el mundo «influencer» que no solo han significado felicidad para la madrileña, sino que también han traído consigo «mucho estrés».

Aunque para la «influencer», de 33 años, «es una suerte» haber hecho de su pasión su profesión, mantenerse, destacar y evolucionar en este mundo ha conllevado que la periodista de moda viva «continuamente enganchada al móvil y al ordenador», explica en una entrevista con la agencia EFE.

Y es que aunque, reconoce, «a todo te acostumbras», Ordovás considera «muy importante tener algunos momentos ‘detox’ a lo largo del día», puesto que para la empresaria esta profesión «necesita sus ratos de desconexión como cualquier otra». «El problema es que soy una persona que está acostumbrada a contar mi día a día, tanto cuando estoy de vacaciones como cuando no y esto ha supuesto que forme parte de mi vida, con lo cual, es necesario marcarse un horario e intentar cumplirlo».

Uno de los factores que más acarrea el nacimiento del estrés en esta profesión es, según la «influencer», «que te vean real y cercana, por lo que muchos momentos tuyos tienen que ser compartidos tus seguidores».

El móvil
«Ha habido veces que he estado sin publicar nada en mis redes sociales durante unas horas y muchos seguidores me han preguntado qué si estaba bien o qué si me había pasado algo». Un compromiso con sus seguidores que ha llegado hasta tal punto que la madrileña pasa «más de 15 horas conectada al móvil», ya que, además de ser un aparato que produce un vínculo directo con sus «followers», el 70% del material que sube a su Instagram está hecho con el «smartphone». «Debemos educar a nuestro público, hay que aprender a decirles hasta aquí y ser nosotros los que llevamos las riendas de lo que publicamos», explica la «influencer», quien asegura que, aunque comparte en sus redes lo que ella quiere, el agobio por cumplir con sus seguidores «está siempre presente».

Sin embargo, a pesar del estrés o de ansiedad sufrido por Ordovás lo largo de su trayectoria profesional, ella lo tiene claro: «es un trabajo que me apasiona porque cada día es diferente y la balanza positiva pesa mucho más que la negativa».

Abc


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