Las afganas temen pagar el precio de un acuerdo entre EEUU y los talibanes

  21 Febrero 2019    Leído: 262
Las afganas temen pagar el precio de un acuerdo entre EEUU y los talibanes

Durante el Gobierno de los extremistas, a las mujeres no se les permitía estudiar, trabajar o salir a la calle sin ‘burka’.

El reciente anuncio de un próximo acuerdo de paz entre EE UU y los talibanes suscita en Afganistán tantas esperanzas como temores, en especial entre las mujeres. Después de cuatro décadas de guerras sucesivas, las afganas temen ser ellas quienes paguen el precio de poner fin al último conflicto. Aún tienen fresco el recuerdo de la misoginia y discriminación que institucionalizó el régimen talibán derribado por la intervención militar estadounidense en 2001. “No queremos ser víctimas de la paz”, resume la diputada y activista de los derechos de la mujer Fawzia Koofi.

“En Afganistán, las mujeres hemos pagado el mayor precio por la guerra; hemos perdido padres, maridos, hijos…y además, nos ha arrebatado la libertad y la educación; así que queremos la paz más que nadie. Pero si hay paz con los talibanes, ¿cuál va a ser el precio?”, plantea Koofi, de 43 años, en conversación telefónica.

Bajo los rigoristas, 
las mujeres tenían prohibido reírse o hacer ruido al andar
Habla por experiencia. Al principio de la guerra civil, su padre fue asesinado por los muyahidín, que también intentaron matar al resto de la familia. Luego, perdió a su marido a causa de la tuberculosis que contrajo cuando fue encarcelado por los talibanes. Y aunque ya se vio obligada a llevar el burka antes de que ese grupo se hiciera con el poder en Kabul en 1996, fue a partir de entonces cuando las restricciones a las mujeres alcanzaron el paroxismo. El régimen talibán les prohibió estudiar, trabajar, salir de casa (salvo totalmente cubiertas y en compañía de un varón), e incluso reírse o hacer ruido al andar.

“Estados Unidos da la impresión de tener prisa por irse de Afganistán. Habría que preguntarles si han logrado el objetivo por el que vinieron: la erradicación de los terroristas. Si no es así, ¿qué están haciendo?”, inquiere Koofi preocupada porque no se haya consultado a las mujeres en el proceso. “Nadie nos ha preguntado. Nos gustaría que al menos nos informaran de lo que están negociando. Como víctimas de la guerra, no queremos ser víctimas de la paz”.

La preocupación es compartida por la veterana activista Fatana Gailani, de 64 años, fundadora y presidenta del Consejo de Mujeres Afganas, y premio Príncipe de Asturias. “Queremos saber qué provisiones para protegernos en el futuro se incluyen en un eventual acuerdo porque hasta ahora no se ha dicho nada al respecto”, declara a EL PAÍS. “En los últimos 16 o 17 años ha habido muchos cambios para las afganas, desde el acceso al trabajo hasta la oportunidad de que las niñas estudien y hagan deporte. Se han abierto muchas posibilidades”, explica.

Una generación de chicas han crecido en el país con mayor libertad
Sin duda esas posibilidades no han llegado a todos los rincones de Afganistán y las diferencias son muy grandes entre las ciudades como Kabul, Mazar-i-Sharif o Herat, y las zonas rurales (donde viven dos tercios de la población). Aun así, la mitad de los 35 millones de afganos tiene menos de 15 años y un 60 % menos de 25, según la ONU. Eso significa que las afganas de la Generación Z y las millennialsno han conocido el régimen talibán o eran demasiado pequeñas cuando esos extremistas islámicos estaban en el poder. Incluso con las limitaciones de una sociedad muy tradicional, han crecido soñando con un futuro mejor como la rapera Ramika Khabari, o Jahantab Ahmadi, la joven que hizo la prueba de acceso a la universidad con su bebé en brazos.

“Es imposible mantener o incrementar las oportunidades y los derechos de las mujeres con el actual nivel de violencia”, constata por su parte Sari Kouvo, codirectora del Afghanistan Analysts Network. No obstante, esta abogada finlandesa especializada en temas de género y que vivió varios años en Kabul, se hace eco de la inquietud de las activistas afganas por el posible pacto entre EE UU y los talibanes. “Un acuerdo de paz que no sea sostenible solo llevará a más violencia con el tiempo. Afganistán ha visto muchos acuerdos de ese tipo durante las pasadas cuatro décadas”, advierte.

Selay Ghaffar, portavoz del Partido de la Solidaridad de Afganistán, ni siquiera les concede el beneficio de la duda. Esta activista de 35 años, que se opone por igual a la presencia de fuerzas extranjeras y a los señores de la guerra, se muestra convencida de que un regreso de los talibanes empeorará la situación de las afganas. “No creo que haya ninguna diferencia con el comportamiento brutal que tuvieron en el pasado. Todos los criminales que están el Gobierno ya tuvieron el poder antes y vimos lo que hicieron”, apunta. “Estoy contra un proceso de paz sin justicia”.

¿Ha cambiado en estos años la opinión de los talibanes sobre la mujer? Si nos guiamos por su situación en las regiones que la milicia controla, no mucho. En el informe La vida bajo el Gobierno talibán en la sombra, la investigadora Ashley Jackson ha constatado que hablar con mujeres en esas zonas es "más difícil" que con miembros del grupo insurgente. A pesar de que sus dirigentes han declarado que apoyan la educación para todos, la de las niñas “se interrumpe alrededor de la pubertad (entre los 9 y los 12 años), que es cuando empieza el régimen de mayores restricciones a la visibilidad de las mujeres y su participación en la vida fuera de casa”.

De hecho, el estudio no pudo encontrar una sola escuela de secundaria para chicas en ninguna de las comarcas bajo influencia o control talibán. El mismo texto recoge otros requisitos como que las niñas no acudan a clase con uniforme, sino cubiertas con un burka o un chador, que no lleven teléfonos móviles o que se eduquen en escuelas coránicas en vez de centros oficiales. Pero el mayor problema es disponer de maestras, ya que pocas enseñantes quieren ejercer bajo la férula de los talibanes, quienes siguen empeñados en que las mujeres no vayan solas al mercado.

“Mi mayor temor, como el de muchas otras mujeres, es que los talibanes no son el único grupo extremista violento; hay otros como el ISIS. Así que un acuerdo con ellos no garantiza que Afganistán recupere la paz. Incluso si la violencia se reduce, ¿qué significará su llegada al Gobierno para las jóvenes que durante los últimos 17 o 18 años han accedido a la educación? Me da miedo que volvamos atrás”, concluye Koofi.
ElPais


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