El plan B de May para el Brexit es igual al plan A

  22 Enero 2019    Leído: 682
El plan B de May para el Brexit es igual al plan A

Sin ideas para superar la crisis, la ‘premier’ británica quiere que Bruselas haga más cesiones

En el terremoto político que sacude el Reino Unido, la casa del Brexit tiene unas grietas enormes, está amenazada de derrumbe y los okupas han aprovechado la parálisis administrativa para instalarse en ella. Ayer la primera ministra, Theresa May, tenía que ofrecer una salida al problema. ¿Cuál ha sido su respuesta? De reforzar los cimientos o hacer algo para apuntalar el edificio, nada. Una mano de pintura en la fachada –ni siquiera hace falta que sea del mismo color–, y a tirar. Piensa que al final el inquilino no tendrá más remedio que renovar el contrato, porque el mercado está muy mal y no va a encontrar ninguna otra vivienda.

El Parlamento obligó a May a presentar contra su voluntad un plan B, y la premier ha respondido en plan pasota. ¿Queréis sopa? Pues dos tazas. Se temía que el plan B sería una nueva versión del plan A (a su juicio “el único posible”), pero en realidad es un gemelo siamés. No ha cambiado nada. No a un segundo referéndum, no a la unión aduanera, no a la prórroga del artículo 50, no a la fórmula noruega. Su gran idea, seguir negociando con los euroescépticos de su partido, el DUP norirlandés y la Unión Europea el tema de la frontera del Ulster, para ver si Bruselas cede de una vez por todas (ayer el ministro polaco de Asuntos Exteriores, Jacek Czaputowicz, rompió la unidad que hasta ahora ha imperado en el bloque y propuso un tope de cinco años al backstop o salvaguarda irlandesa).

Si fuera una corredora de la París-Dakar, May tendría el coche metido en el fango. Pero en vez de intentar hacer una cuña con un palo, o llamar al Club del Automóvil, le mete caña al acelerador, y las ruedas se hunden cada vez más. Su estrategia sigue siendo la misma de siempre, ignorar la devastadora derrota legislativa de hace una semana y ganar tiempo hasta que todas las demás opciones queden descartadas por unas razones u otras, y sólo queda su acuerdo. Si los Comunes impiden una salida desordenada y los brexiters duros y el DUP llegan a la conclusión de que es la única alternativa a la postergación o cancelación del Brexit, o a un segundo referéndum, podría obtener su apoyo. Pero aun así no está claro que, con toda la oposición y los tories eurófilos en contra, sumara los votos necesarios para sacar adelante su plan.

Bélgica ostenta el récord de 541 días consecutivos sin gobierno, e Irlanda del Norte ha superado ya esa marca, aunque su proeza no es reconocida oficialmente, porque se trata de un gobierno autonómico y Westminster puede seguir pasando leyes. Podría argumentarse, sin embargo, que el Reino Unido es el poseedor de la plusmarca mundial, porque desde que May se quedó en minoría tras las elecciones anticipadas del 2017 impera la más absoluta anarquía. El Gobierno y el Parlamento se encuentran a la greña, la parálisis administrativa es absoluta, y todos los problemas del país (vivienda, educación, economía, sanidad, transporte...) se encuentran aparcados a la espera de qué pasa con el Brexit.

Theresa May está convencida de que la única salida posible del marasmo es que la UE acepte renegociar el acuerdo de retirada y poner una fecha tope al backstop (entrada de toda Gran Bretaña en la unión aduanera hasta la firma de un acuerdo comercial definitivo para impedir que se apliquen tarifas diferentes a las de Irlanda y el resto de la UE, lo cual haría necesarios los controles fronterizos). Por eso, su mano de pintura barata de ayer consistió en hacer gratis los trámites para que los ciudadanos comunitarios residentes en el país legalicen su estatus (hasta ahora estaba previsto que pagasen 73 euros). Un caramelo, a ver si Bruselas se ablanda.

El negociador de la UE, Michel Barnier, no dio ningún indicio de que vaya a ser así en unas declaraciones a la RTE (radiotelevisión estatal irlandesa), después de entrevistarse con el ministro de Exteriores, Simon Coveney. “Theresa May –dijo– debería poner menos énfasis en las salvaguardas para el tema de la frontera y centrarse en buscar una relación más estrecha con Europa, con un amplio apoyo de la oposición. Corresponde a Londres encontrar un pacto estable, nosotros seguimos a la espera”. Su mensaje es que el acuerdo de retirada no se puede tocar, pero la declaración política sobre la futura relación sigue abierta.

La premier británica no acudió ayer al Parlamento con un plan B, sino con una lista de seis conclusiones a las que ha llegado conversando con políticos de su partido, del DUP y de la oposición en los últimos días: 1) retirar la tarifa a los residentes europeos para que regularicen su estatus; 2) que el artículo 50 no se puede prorrogar, y además la UE “seguramente lo rechazaría”; 3) que un segundo referéndum “perjudicaría la cohesión social y afectaría a la fe en nuestra democracia”; 4) que va a seguir intentando dar garantías a los brexiters y al DUP sobre la salvaguarda irlandesa (no dijo cómo), y va a viajar a Bruselas a pedir concesiones; 5) que va a tener una actitud más abierta con los diputados y a informarles de cómo evoluciona la situación, y 6) que garantiza el cumplimiento de los estándares medioambientales y laborales de la Unión Europea.

La realidad es que, con el Gabinete y el grupo parlamentario partidos por la mitad y en peligro de implosión, amenazada de dimisiones, una vez más Theresa May ha antepuesto el partido al país y ha dado prioridad a evitar una fractura en el seno de los tories. Ha descartado rediseñar sus líneas rojas y acercarse a las posiciones del Labour (partidario de la permanencia en la unión aduanera) y seguir tirando hacia la fecha de salida del 29 de marzo. Su plan B es reeditar la coalición que le permitió salvar los muebles en la moción de censura que le planteó Corbyn la semana pasada, un bloque férreo de conservadores y unionistas norirlandeses, sin intrusos.

La primera ministra, según fuentes de Downing Street, lanzó en una videoconferencia del domingo con los miembros de su Gabinete el globo sonda de proponer a Bruselas y Dublín la extracción por completo del tema de la frontera irlandesa del acuerdo de retirada y trasladarlo a un tratado bilateral con la República de Irlanda que sustituiría, enmendaría o completaría los acuerdos del Viernes Santo, Pero sus asesores le informaron de que se trataba de una locura sin pies ni cabeza y que la UE jamás aceptaría desentenderse de la aplicación de las tarifas y aranceles en su frontera externa. Desde el principio el problema del Brexit ha sido que es incompatible con la ausencia de controles aduaneros en el Ulster, y menos aún si Londres pretende poder negociar por libre las condiciones comerciales con terceros países.


El líder laborista, Jeremy Corbyn, que se niega a hablar con May si no descarta una salida desordenada, dijo ayer que la premier niega la realidad de la derrota parlamentaria más abultada en la historia de los Comunes, como si pudiera ponerle un parche encima. “Sabe lo que tendría que hacer en el interés nacional, pero se niega a dar los pasos necesarios”, señaló. Los próximos días van a ser interesantes dentro de la batalla entre el legislativo y el ejecutivo por el control del Brexit, ya que diputados proeuropeos preparan una serie de enmiendas para limitar la capacidad de maniobra de Downing Street y empujar hacia una prorroga de la fecha de salida o incluso un segundo referéndum.

Decía Einstein que la definición de la locura es hacer lo mismo una vez tras otra esperando resultados distintos. Si ello es así, Westminster se ha convertido en un auténtico manicomio.

lavanguardia


Etiquetas: May   Brexit