Sánchez y su ruleta rusa

  10 Agosto 2016    Leído: 102
Sánchez y su ruleta rusa
El famoso caballo de Susana Díaz sigue pastando. Con y sin encuestas favorables. Y tanto pastar, es complicado cruzar Despeñaperros camino de Ferraz. Pedro Sánchez lo sabe y ha empezado a usar la indecisión andaluza en su beneficio. Y en contra del interés de su partido.

El líder socialista tiene muy claro su rechazo a Rajoy. ¿Porque acabará siendo lo mejor para su partido y para España? No, por mucho que ayer el CIS le diese un respiro. Pero sí porque, uno, puede usar el no al PP del Comité Federal socialista aprobado tras las anteriores elecciones; dos, porque ha medido a la perfección el miedo de los barones díscolos a enfrentarse al rechazo mayoritario de la militancia; y, tres, porque el pacto de izquierdas -donde cabe todo desde la izquierda hasta el populismo y separatismo- es lo único que justifica su papel en el partido.Una situación en la que se han convertido en aliados de Sánchez hasta sus lamentables resultados electorales.

Así se lo han trasladado al PP algunos de los contactos del PSOE con los que mantienen interlocución, ante la imposibilidad de hacerlo con el dirigente. Y la explicación es simple: Sánchez ha hundido al PSOE desde 110 escaños hasta 90 y, después, hasta 85. Ha perdido 1,6 millones de votos estando en la oposición. Ha dejado el partido con seis millones de votos menos que los logrados en 2008 por Zapatero. Y no ha pasado nada. Porque tanto hablar los barones e influencers del PSOE, se han olvidado de un punto: hacer algo. Y el resultado es que Sánchez descuenta que ya no se juega nada. Razón por la que ha incluido en su estrategia la posibilidad de forzar, otra vez, nuevas elecciones: porque la aparente parálisis de Pablo Iglesias podría provocar un retorno de voto al PSOE -cosa que ya apunta el CIS y que afianzaría su cabeza-; porque, piensa él, en algún momento debería alcanzar o haber alcanzado su suelo el Partido Socialista y debería rebotar; y porque, en el fondo, tampoco tiene nada que perder por jugársela.

A fin de cuentas, los rebeldes de su partido no han demostrado ser especialmente decididos y quienes recibirían el partido aún más destrozado de lo que está, serían precisamente sus enemigos internos: «Justo castigo», piensa él.Por eso Sánchez puede jugar a una nueva ruleta rusa electoral. Porque la bala puede darle a Susana Díaz, la lideresa nonata que se arriesga a descubrir que, entre tanta indecisión, son ya demasiadas las balas que han acabado en el estómago de ese partido que pretende controlar.

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