"Asistí a una reunión cerrada sobre Charlottesville aproximadamente hace dos meses con el director del FBI (Christopher Wray), entre otros, y lo pregunté si la intromisión rusa tenía algo que ver con el avivamiento de las llamas de lo que ocurrió en Charlottesville, me dijo que sí", dijo el legislador a la cadena de televisión CNN.
Grupos de extrema derecha, incluyendo a supremacistas blancos, racistas y neonazis, se concentraron el 11 y el 12 de agosto de 2017 en Charlottesville para impugnar la retirada de una estatua del general confederado Robert E. Lee, quien había conducido a las tropas esclavistas del sur en la guerra civil estadounidense.
La movilización degeneró en choques con los manifestantes de izquierda que les hicieron frente y terminó con la embestida de un automóvil contra los manifestantes contrarios a la derecha, lo que provocó la muerte de una mujer y dejó heridas a una veintena de personas.
La cifra total de heridos y lesionados en los enfrentamientos llegó a 34.
El presidente Donald Trump fue duramente criticado por la tibieza con que reaccionó en un principio a la manifestación de la ultraderecha en Charlottesville.
Aunque finalmente emitió un comunicado condenando a esos sectores, al día siguiente se retractó y culpó a los dos bandos.
Días después de los hechos violentos, la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova, refutó los reportes de los medios de EEUU y las redes sociales sobre una supuesta relación entre Moscú y los líderes ultraderechistas involucrados en los disturbios, afirmando que esas publicaciones forman parte de la retórica antirrusa en el país norteamericano.
Sputnik
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