Tenían prácticamente la maleta hecha. El pasado 29 de junio, un día antes de que su permiso de residencia expirara, los refugiados afganos en Pakistán vieron cómo el primer ministro paquistaní, Nawaz Sharif, anunciaba la extensión de sus visados. Esta vez el plazo sería el más pequeño concedido hasta la fecha: podrán quedarse como máximo seis meses más y luego tendrán que volver, algunos después de haber huido hace más de 30 años. Otros, los hijos y nietos de segunda y tercera generación, sin haber pisado siquiera suelo afgano en toda su vida.
La guerra entre Afganistán y la Unión Soviética en los años ochenta forzó a tres millones de afganos a cruzar la frontera. Quienes llegaron con lo puesto han hecho del país vecino su casa durante más de tres décadas, pero tras el ataque talibán en 2014 a una escuela de Peshawar en el que murieron 125 estudiantes, el Gobierno intensificó sus ultimátums. El millón y medio de refugiados afganos registrados que actualmente acoge Pakistán tendrá que irse, aunque su país siga inmerso en un conflicto bélico.
Aunque la guerra afgana ahora es otra, contra los talibanes, aún alimenta los motivos de muchos de sus habitantes a huir del país: solo en 2015 la cifra mundial de refugiados afganos ascendía a 2,7 millones, siendo el segundo país del mundo del que proceden más refugiados.
"Yo quiero volver a Afganistán, ¿quién quiere morir enterrado en una tierra que no le pertenece? Pero solo puedo ir cuando la situación sea estable, y escucho por mis parientes que allí la vida es muy dificil", dice Haji. Llegó a Pakistán en los años ochenta y desde entonces sueña con poder volver. Mientras, regenta un negocio de alfombras que le proporciona los ingresos de su familia y unos dolores de espalda difíciles de llevar a sus 70 años. Su nuera Khadija, sin embargo, quiere quedarse.
Sus testimonios, recogidos por una de las encuestas que Acnur realiza rutinariamente a los refugiados afganos en Pakistán, revelan una historia de opiniones contradictorias que allí es frecuente, según explican desde la organización, entre generaciones que sienten arraigo por la tierra que dejaron y otras que no quieren "volver" a donde, simplemente, nunca han estado.
La Ley de Ciudadanía Paquistaní no concede la nacionalidad automáticamente a cualquier persona que nace en su territorio, por lo que los hijos y nietos de los refugiados que huyeron en los ochenta son considerados "ciudadanos afganos nacidos en Pakistán".
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