Bruselas desvela hoy sus planes para el primer presupuesto pos-Brexit en un contexto geoeconómico de lo más complicado. El presupuesto 2021-2027 crece ligeramente, hasta 1,3 billones de euros: el 1,14% del PIB de la UE, aunque la cifra definitiva puede bailar hasta última hora. Las cuentas son tan oscuras como siempre. Pero traen un puñado de novedades: una pizca de ambición por el lado de las políticas de seguridad; 55.000 millones en dos nuevos fondos para hacer reformas y mantener el nivel de inversión en caso de crisis, y una polémica cláusula que liga la recepción de fondos al respeto del Estado de derecho.
Un camionero trabaja en un campo de trigo cerca de Giurgiu (Rumania). GETTY
Los presupuestos europeos más ambiciosos siempre han aparecido en momentos clave de la historia de la Unión. El francés Jacques Delors pavimentó en los ochenta el camino hacia el euro, y a mediados de la década pasada las Perspectivas Financieras Multianuales —el nombre imposible con el que los eurócratas bautizaron a los presupuestos de la UE— permitieron la ampliación al Este. En medio de la crisis existencial que supone la primera salida del club en más de 60 años —Reino Unido— y tras un reguero interminable de dificultades de todo tipo mal conocidas como Gran Recesión, Bruselas presenta hoy el presupuesto 2021-2027, el primero de la era pos-Brexit.
El primer mensaje es el tamaño: la Comisión propone una ligera subida, hasta los 1,3 billones. Eso supone el 1,14% del PIB, según las fuentes consultadas, que avisan de que las centésimas de ese porcentaje (que equivalen a miles de millones de euros) pueden variar hasta el último minuto. El presupuesto de la UE sigue siendo relativamente pequeño, en torno a un 2% del gasto público continental. Pero sobre esa cifra pivotan las políticas tradicionales (cohesión y agricultura, que van a la baja) y las nuevas prioridades (migración, seguridad y defensa, al alza). Estas son las grandes apuestas de la Comisión a la espera de una negociación entre los socios a cara de perro que durará meses, y que debe contar también con luz verde de la Eurocámara.
Los grandes números. Las anteriores perspectivas financieras se fueron, tras un debate en el que Reino Unido y Alemania capitanearon a los países que no querían incrementos de gasto, a 1,1 billones de euros para siete años, el 1,03% del PIB. La salida de Reino Unido lo cambia todo: es una de las grandes economías del club y unos de los grandes contribuyentes. Obliga a rellenar un agujero de al menos 10.000 millones al año. Y ahí ya ha aparecido una brecha: Holanda, Dinamarca, Austria y Suecia se oponen a aportar más fondos, aunque Alemania ya no está en ese bando. Junto a Berlín, Francia, España y varios países del Este han manifestado su disposición a elevar también su participación. Bruselas, además, plantea eliminar progresivamente los denominados cheques hasta 2027. Aunque a la vez abre la puerta a introducir mecanismos de corrección si el Brexit afecta gravemente a algún país, como Irlanda u Holanda.
Recortes y subidas. A pesar del ligero aumento en la cifra total, Europa quiere centrarse en sus nuevas prioridades (básicamente, los capítulos de migración, defensa y seguridad) y Bruselas ya ha adelantado que agricultura y cohesión, que suponían el 80% del gasto, sufrirán recortes de en torno al 6%. A cambio habrá más dinero en control de fronteras; ciencia, tecnología e I+D, y defensa.
Simplificación. En los presupuestos actuales hay hasta 62 instrumentos de gasto. Bruselas reduce drásticamente ese número hasta 38 fondos por razones de eficacia. El presupuesto se divide en siete rúbricas, que definen perfectamente las nuevas prioridades y adelantan, desde el mismísimo título, los asuntos más polémicos: mercado único y digital; cohesión y valores; recursos naturales y medio ambiente; migración y protección de fronteras; seguridad y defensa; acción global y vecindario; y administración.
Cláusula antiviolaciones del Estado de derecho. Los recortes en agricultura y cohesión escocerán en el Este. Pero dolerá aún más la introducción de un mecanismo que liga la recepción de fondos al respeto del Estado de derecho. “No van a llegar fondos a países en los que los jueces no son independientes para controlar el gasto”, dicen fuentes europeas. Bruselas lleva meses preparando el terreno tras los acontecimientos en Polonia y Hungría y la polémica por el hecho de que varios socios se niegan a acoger refugiados. La novedad es la toma de decisiones: será la Comisión quien proponga esa medida, y el Consejo solo podrá vetar la congelación de fondos por mayoría cualificada inversa. Eso descarta el veto del denominado grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia).
Flexibilidad. Bruselas se da margen de maniobra respecto a presupuestos anteriores ante la constatación de que la UE tenía dificultades para responder con rapidez ante la aparición súbita de crisis.
Zanahorias para la reforma de la UEM. En pleno debate sobre la reforma de la eurozona, la Comisión Juncker destinará 55.000 millones a dos fondos. Uno de ellos financiará la aprobación de reformas. El otro es un mecanismo para garantizar que los países que sufren crisis puedan mantener sus niveles de inversión pública. Una alta fuente comunitaria los califica como “fondos zanahoria”: son menos ambiciosos de lo previsto, pero permiten a Bruselas salir con dos propuestas en un debate que se ha complicado mucho por el escepticismo de Alemania.
ElPais






