La cumbre europea examina el peso político de Emmanuel Macron

  23 Febrero 2018    Leído: 772
La cumbre europea examina el peso político de Emmanuel Macron
Los líderes debatirán hoy sobre el presupuesto de la UE post Brexit y sobre las reformas institucionales de la UE, con las propuesta de Francia y la Comisión sobre la mesa

Europa vuelve a ser aburrida. Afortunadamente: el proverbio chino que vivas tiempos interesantes ha sido una maldición en Europa durante la última década de crisis financiera, económica, fiscal, social, migratoria, de seguridad y definitivamente existencial, con la eurozona amenazando con volar por los aires y el Brexit convertido ya en el primer divorcio en la UE en más de seis décadas. Europa crece, el euro está fuerte, la eurozona está curando las cicatrices de la Gran Recesión y los populistas no han llegado a los Gobiernos de los grandes países. Sucede lo contrario: el eje francoalemán se recompone, con un presidente francés, Emmanuel Macron, que quiere poner a Francia de nuevo al mando y una canciller alemana, Angela Merkel, más débil que nunca. Pero los interregnos siempre son peligrosos: ni lo nuevo termina de nacer ni lo viejo termina de morir. Macron ha devuelto la confianza y el crecimiento a Francia, pero de momento sus propuestas europeas se quedan en meras promesas. El impacto de Macron es indiscutible en los denominados intangibles. Pero queda por ver cuánto de ese impacto se transforma en poder. La cumbre europea de hoy examinará su peso político: los líderes europeos discuten sobre el nuevo presupuesto tras el Brexit —y Macron tiene suculentas ideas para dotar las nuevas prioridades en materia de seguridad y migración de un presupuesto que permita actuar— y sobre las reformas institucionales.

La pasta. Reino Unido se va. Eso supone entre 10.000 y 12.000 millones menos para el presupuesto europeo. Hay dos opciones: seguir reduciendo un presupuesto ya muy exiguo (en torno al 1% del PIB), o pedir más ambición a los Estados miembros para poder destinar fondos a las nuevas prioridades: defensa, seguridad y migración. Macron, obviamente, quiere grandeur. Alemania —esta vez sí—, Italia y España apoyan la moción. Pero los sospechosos habituales (Holanda, Austria, Suecia, Dinamarca y Finlandia, los llamados acreedores, habitualmente en la órbita germánica) se niegan en redondo. Lo más probable es que la política agraria común y las políticas de cohesión sufran algún recorte. Es muy posible también que los pagadores apuesten por poner condiciones a la recepción de fondos europeos: desde condicionalidad económica y fiscal al cumplimiento del Estado de derecho para evitar que países como Polonia y Hungría se lleven el dinero y no arrimen el hombro cuando aprieta la crisis de refugiados. Lo que es seguro es que ese debate va para largo y que requerirá las dosis habituales de teatrillo, negociaciones de madrugada, extenuantes tira y afloja, y al final un acuerdo que no deje satisfecho a nadie pero todas las capitales puedan vender adecuadamente a sus opiniones públicas. Europa en estado puro.

"Tenemos nuevas prioridades, como la migración ilegal o la mejora de la defensa y la seguridad europea", resume el presidente del Consejo, Donald Tusk, "y hay que resolver el agujero que deja la salida de Reino Unido". La Comisión y el Parlamento Europeo quieren que todo eso se haga antes de las elecciones europeas de 2019. Tusk sugiere, con razón, que ese calendario es "poco realista". Pero más allá del calendario, los presupuestos multianuales 2021-2027 medirán el grado de tracción de las propuestas de Macron en la UE: tanto la ambición para las nuevas prioridades como la pérdida de fondos agrarios y de cohesión están en la agenda de Macron, que quiere también un presupuesto anticrisis (para hacer frente a shocks en un solo país). La eurozona necesita imperiosamente esa capacidad fiscal para luchar contra la próxima crisis. Pero no se termina de ver la manera de ponerle el cascabel al gato.

El poder. El Justus Lipsius, el edificio que alberga la cumbre, tiene la friolera de 24 kilómetros de pasillos, y las reuniones de líderes europeos son una de las mayores concentraciones de poder del continente. Esta cumbre discute, entre otros asuntos, cómo va a repartirse ese poder durante los próximos años: los 24 kilómetros de pasillos se van a usar con profusión.

Para empezar, con la salida de Reino Unido se quedan bailando los 73 escaños británicos de la Eurocámara: la propuesta es repartirse 27 (con cinco para España, el país más beneficiado) y eliminar el resto. Macron también sale ganando para empezar: cuatro escaños más para Francia. Pero la Eurocámara ha rechazado una de sus propuestas estrella: las listas transnacionales quedan para más adelante; como pronto, para las elecciones de 2024.

Tusk, en cambio, y la mayoría del Consejo se alinea con el presidente francés en contra de los spitzenkandidat. "No queremos automatismos", dicen las cancillerías: los jefes de Estado y de Gobierno no quieren repetir el mecanismo de las anteriores elecciones europeas, que les obligó a decantarse por Jean-Claude Juncker, que ganó esos comicios, como presidente de la Comisión. Los líderes, además, no son partidarios de fusionar las presidencias de la Comisión y del Consejo, la propuesta estrella de Juncker. Y Macron no ha aclarado aún cómo va a participar en las europeas. Está cocinando su propio partido europeo —con acercamientos a Ciudadanos y a los socialdemócratas italianos del Partito Democratico—, pero también flirtea con los liberales europeos. "Todos los partidos le queremos, nos gusta su apuesta europeísta y es una figura al alza, pero a la vez estamos hartos de que nos vaya dando consejos", apuntan fuentes de la Eurocámara. "No dejaré a las grandes familias políticas europeas el monopolio del debate sobre Europa", ha dicho en uno de sus rimbombantes discursos. "Los partidos europeos no tienen coherencia ideológica", denuncia, con el ultra Viktor Orbán en el PPE y el no menos ultra Robert Fico (Eslovaquia) en los socialdemócratas europeos.

Brexit significa Brexit (o no). El divorcio entre la UE y Reino Unido entra en una fase decisiva con graves desencuentros. Las instituciones europeas pondrán al día a los Veintisiete (en una cumbre en la que ya no está Reino Unido) del estado de la negociación: básicamente, hay desencuentros sobre las fechas del periodo de transición, y una serie de peticiones británicas inasumibles por el lado europeo. El plan británico para flexibilizar la fecha final de la fase transitoria amenaza con crear un nuevo choque con Bruselas. Año y medio después del referéndum del Brexit, además, Europa sigue sin saber qué demonios quiere Londres sobre la relación comercial futura, apuntan fuentes diplomáticas.

ElPais


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