Los primeros informes indican que al menos seis personas murieron y más de diez resultaron lesionadas, las cuales fueron trasladadas por paramédicos y particulares a un hospital.
Tras la masacre, arribaron al lugar elementos de la Policía Municipal y de la Comisión Estatal de Seguridad (CES), quienes recabaron información e implementaron un operativo en búsqueda para dar con los responsables.
Por su parte, personal del Servicio Médico Forense (SEMEFO) se encargó de levantar los cuerpos y de trasladarlos a las instalaciones del Complejo Estatal de Seguridad Pública para practicarles la necropsia de ley.
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