Después siguió a régimen con Alberico Lemme, farmacéutico y dietólogo, quien le hizo perder 10 kilos en un mes, quien confesó que Berlusconi adelgazó a base de “café, té, un limón en la mañana, otro en la tarde, pasta por la mañana con ajo, aceite y picante, sin sal”.
Berlusconi se preparó así, con tiempo, para la campaña electoral y hoy buena parte de la política italiana gira en torno a él. Se muestra en plena forma, acude incansable a los estudios de televisión y ha descubierto las redes sociales. Cada día es más una estrella del web: Todos los martes mantiene una reunión con sus estrategas de comunicación para programar las “píldoras” que lanzará durante la semana en las redes sociales, con un objetivo: Multiplicar los “me gusta” y transformarlos en votos.
Muchos funerales se han celebrado ya por su muerte política, pero siempre se le abre el féretro. Ha vuelto a resucitar porque hay cierta nostalgia de Berlusconi, como refleja el comentario de uno de sus más acérrimos adversarios, Eugenio Scalfari, escritor y fundador del diario “La Repubblica”, expresando un sentir de muchos italianos: “Prefiero Berlusconi a Grillo”.
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