A sus 71 años, lleva doce al frente de la Presidencia kurda, aunque desde 2013 su mandato ha sido prolongado por decisión del Parlamento kurdo sin acudir a las urnas. Hoy, en una carta enviada al Parlamento regional del Kurdistán, Barzani aseguró que rechaza permanecer en el puesto de presidente después del 1 de noviembre de 2017, esto es, la fecha para la que estaban previstas elecciones presidenciales y parlamentarias, que han sido pospuestas hasta el próximo julio.
El líder no apareció hoy en público, que se ha acostumbrado a verlo con su turbante blanco y rojo que identifica a su tribu, y la vestimenta tradicional kurda de color caqui, ya que Barzani ha sido y sigue considerándose un soldado “peshmerga”, tal y como él mismo escribió en la misiva.
Barzani elevó la causa kurda en los foros internacionales, ganándose el favor de Estados Unidos y de la Turquía de Recep Tayyip Erdogan, aunque ambos aliados le han dado la espalda desde la consulta de independencia, una promesa que hizo a sus seguidores y que llevó a cabo hasta sus últimas consecuencias.
El referéndum que ha acabado con su carrera política tenía como objetivo -según sus detractores- tapar la corrupción y otros problemas internos de la región y tenía pocos visos de conducir a la creación de un estado kurdo.
El propio Barzani no quiso proclamar la independencia a pesar del éxito de la consulta -más del 90% de los votantes optaron por la separación-, sin antes negociar los términos con Bagdad, que no reconoció la votación y lanzó una campaña militar en respuesta al desafío.
Desde 2014, el Kurdistán se benefició de la lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI) en el norte de Irak y se anexionó de facto varios territorios que había recuperado de manos de los yihadistas, lo cual fue usado por Barzani ante Bagdad y la comunidad internacional para reivindicar su papel en el país.
Masud Barzani se enorgullece de que su biografía está entrelazada con la del pueblo kurdo desde el mismo día de su nacimiento.
Su padre Mustafa fundó el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), la principal fuerza kurdoiraquí, el 16 de agosto de 1946, el día en el que nació su hijo Masud en la localidad de Mahabad, capital de la entonces república independiente de Mahabad, un estado kurdo establecido en el noroeste de Irán.
Mustafa fue el líder de este proyecto, que tuvo una vida efímera entre 1946 y 1947, y tras su colapso emigró a Rusia, desde donde regresaron posteriormente a Irak los Barzani para verse exiliados por el Gobierno central en el sur del país.
Tras el fin de la monarquía en 1958, pudieron regresar a su zona originaria en el Kurdistán iraquí, Barzan, cuando Masud tenía 12 años.
A los 16 años, dejó los estudios para coger las armas y enrolarse en las fuerzas armadas kurdas “peshmergas” y participó en varios conflictos contra las tropas iraquíes y también, contra la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), facción rival del PDK.
Además, Masud, su padre y hermano Idrís estuvieron involucrados en las negociaciones -casi siempre fallidas- con el Gobierno central para conseguir una mayor autonomía para la región del Kurdistán, que sólo le fue reconocida en 1990.
En enero del 1979 intentaron asesinarle en Viena, cuando regresaba a Irak desde EE.UU., donde había estado cuidando a su padre, que murió en marzo de ese mismo año.
Barzani dejó la lucha armada y asumió la dirección del PDK, reemplazando a su progenitor, y desde entonces no ha abandonado las riendas del partido, en el que no se sabe qué lugar ocupará tras su decisión de hoy.
El histórico líder aseguró que, como ciudadano y ‘peshmerga’, va a continuar luchando para “lograr los derechos de la nación (kurda)” y preservar sus logros. EFE
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