Trump ha roto con la política de todos los presidentes estadounidenses en activo que han estado en Jerusalén y ha visitado la Ciudad Vieja, situada en la zona este de la localidad, que según el derecho internacional está ocupada por Israel.
La comunidad internacional no reconoce la soberanía israelí en la parte oriental y los mandatarios extranjeros evitan visitarla. Trump se ha saltado este principio, pero ha evitado que le acompañaran autoridades políticas israelíes y se ha limitado a tratar con las religiosas y policiales.
Al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, le hubiera gustado acompañarlo, pero para evitar mayores polémicas se conformó con la satisfacción que le produjo ver al presidente de EEUU con una kipá (solideo judío) orando en el muro. Así se lo hizo saber unas horas más tarde al recibirlo en su residencia.
Decenas de agentes tomaron hoy la ciudad antigua. La mayoría de las puertas de acceso estaban cerradas, todas las callejuelas que llevaban al Muro y al Santo Sepulcro estaban cortadas y ningún comercio ha podido abrir.
"Hemos clausurado la Ciudad Vieja por razones de seguridad y no hemos tenido problemas", indicó a Sputnik uno de los jefes del dispositivo de seguridad, junto a la iglesia del Santo Sepulcro.
Este lugar sagrado para el cristianismo donde la tradición marca que estuvo enterrado Jesucristo, fue la primera parada de Donald y Melania Trump en la Ciudad Vieja.
En la puerta del templo los recibieron el Patriarca Griego Ortodoxo, Teófilo III, el Custodio de Tierra Santa, el padre franciscano Francesco Patton, y el Patriarca Armenio, Nourhan Manougian.
Durante esta visita, estaba previsto que los scouts —niños y jóvenes- del Club de la Unión de Árabes Ortodoxos de Jerusalén acompañaran a los Trump, pero según un comunicado del Club, la policía israelí se lo prohibió porque el uniforme de los scouts lleva la bandera palestina.
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