Lo cierto es que las declaraciones de John Richardson condensan la actual política militar de la administración de Donald Trump, que ya había anunciado precisamente un imponente programa de rearme naval, con el objetivo de aumentar la flota de la Armada hasta alcanzar la cifra de 350 buques de guerra. En la actualidad cuentan con 272. Es igualmente notorio que las fuerzas navales americanas se han vuelto más activas en áreas adyacentes a las costas de Rusia y China.
Además, durante los últimos meses, varios barcos de la Armada de Estados Unidos han hecho diversas incursiones tanto en el Mar Báltico como en el Negro, acercándose a las aguas rusas en un intento de poner de manifiesto su presencia naval; tales expediciones incluyeron, por cierto, numerosas maniobras conjuntas con aliados de Washington en la OTAN. Ante esta situación, ciertamente desafiante para Rusia en términos globales, Moscú ha puesto en marcha su propio programa para modernizar y ampliar sus flotas, tanto la de superficie como la submarina. Entre las principales prioridades se encuentra la construcción de varios submarinos nucleares de clase Borey, esenciales en la estrategia militar disuasoria rusa.
rt.com
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