El muro de Trump obliga a México a mirar al sur

  17 Febrero 2017    Leído: 449
El muro de Trump obliga a México a mirar al sur
La máxima atribuida al expresidente mexicano Porfirio Díaz, respecto a la cercanía con su vecino del norte ‘Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de EE.UU.’ se hace presente más de un siglo después, para resumir la situación actual que vive el pueblo mexicano con las medidas económicas, migratorias y políticas tomadas por el mandatario estadounidense Donald Trump.
Como cruel paráfrasis, en este año 2017, encontramos a este Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de un Donald Trump, decidido a ampliar un muro de segregación que separe aún más las sociedades de Estados Unidos y México y con ello bloquear la posibilidad de ingreso de miles de inmigrantes en busca de una visión de mejores condiciones de vida allende el Río Bravo del Norte.

El Muro de Trump es lisa y llanamente, la expansión de una construcción que comenzó a ser levantada bajo el gobierno del demócrata Bill Clinton el año 1994, en el marco de la denominada Operation Gatekeeper – Operación Guardian - con el declarado objetivo de detener la ola migratoria que venía desde el sur del continente, atrayendo al “sueño estadounidense” a cientos de miles de hombres y mujeres de América Central y México, principalmente.

Un Muro Sin Color Político

La Operation Gatekeeper, bajo la administración Clinton, significó el crear la primera etapa constructiva de este muro, que recorriera toda la frontera sur estadounidense con México, de tal forma de unir a esa estructura, la acción de patrullas fronterizas y el uso de los más adelantados ingenios tecnológicos en materia de vigilancia fronteriza. Hasta hoy, los sectores construidos son aquellos que dividen a California del estado mexicano de Tijuana. Arizona de Sonora, Nuevo México de Baja California y Texas de Chihuahua y Coahuila. Muro que bajo las administraciones del republicano George W. Bush y el demócrata Barack Obama significaron duplicar su extensión, hasta llegar a los 2.500 kilómetros actuales.

Un muro dotado de luces de altísima potencia, radares, sensores electrónicos, cámaras de visión nocturna, detectores de movimiento, junto a la puesta en marcha de un cuerpo de elite militar, entrenados en materias de combate a la inmigración y a los cuales se les dotó de patrullas todoterreno, helicópteros y facultades legales que han merecido la repulsa de organizaciones de defensa de los derechos humanos. Todo ello unido a las políticas de deportación que significaron expulsar del país a tres millones de personas. El planeamiento de la segregación no distingue colores políticos en Estados Unidos, no hay diferencias entre demócratas y republicanos cuando llegar la hora de encontrar culpables de la violencia, del narcotráfico, del desempleo. .

En 23 años de vida este muro, en un total de límites fronterizos terrestres entre México y Estados Unidos de 3.240 kilómetros, se ha cobrado la vida de 11.500 inmigrantes. Un promedio de 500 muertes anuales, ya sea a manos de los guardias fronterizos estadounidenses, los asesinatos a manos de las mafias que obtienen jugosas ganancias al cruzar gente por la frontera y que los abandonan al ser descubiertos. Muertes por deshidratación al cruzar el desierto que separa ambos países, ahogados en los cursos de ríos o asfixiados durante el cruce en vehículos abarrotados de hombres mujeres y niños.

Para aquellos, que sólo hace un par de meses conmemoraban los 27 años de la caída del Muro de Berlín el año 1989, como uno de los grandes triunfos de la democracia occidental, olvidan con pasmosa facilidad que las muertes originadas por el muro de segregación estadounidense ha generado, en este casi cuarto de siglo, 40 veces más muertes que los 28 años del Muro de Berlín. Hoy, tras el primer mes de gobierno de Donald Trump, la política de segregación ha cobrado nuevos bríos pero, insisto, no es una política nueva, es simplemente la verbalización más estruendosa de lo que los gobiernos demócratas y republicanos venían haciendo. La idea hoy es construir otros mil kilómetros de muros y vallas, haciendo más difícil el ingreso a Estados Unidos generando para ello un marco legal duro y restrictivo, que implique la deportación de millones de personas.

Donald Trump sostiene, que va a construir su muro, que en un porcentaje importante ya está construido, lo que implica, en esencia, ampliarlo y para ello gastará varios miles de millones de dólares bajo el supuesto, que ese gasto, deberá reembolsarlo la víctima principal de esta política racista: México. En declaraciones efectuadas a la cadena ABC News el magnate sostuvo ““Todo se nos reembolsará, en una fecha posterior, con cualquier transacción que hagamos con México. Sólo le digo que habrá un pago, que sucederá de alguna forma, quizás una forma complicada, lo que estoy haciendo es bueno para Estados Unidos, también va a ser bueno para México. Un México muy estable y muy sólido” hasta ahora, más allá de negativas respecto a hacerse cargo del pago de su propia soga para ahorcarse, el presidente mexicano Enrique peña Nieto no ha sido capaz de enfrentar con dureza esta altanería de Trump.

Lo novedoso de la medida del magnate devenido presidente, de impedir el ingreso de inmigrantes, expulsar a otros, es unir a lo sostenido, la decisión de revisar el Tratado de Libre Comercio firmado con México. Es decir, un paquete explosivo, que ha generado la justa indignación del pueblo mexicano, que con su movilización está obligando, muy a su pesar al débil e indigno gobierno de Enrique Peña Nieto a mostrarse más resuelto en sus reclamos contra Washington. Donald Trump seguirá haciendo lo que gobiernos anteriores han efectuado, seguir construyendo y extendiendo lo que ya está en pié. Tal vez lo amplié hasta cubrir toda la frontera con México, lo hará más alto, dotado de mayor vigilancia, el uso de drones y contratar más guardias fronterizos, con medidas más duras, pero nada que México no esté sufriendo ya.

Entonces, si esta conducta de Estados Unidos respecto a México en materia migratoria y de control fronterizo tiene ya casi un cuarto de siglo y ha significado un férreo control de la “border patrol”, la muerte de 11.500 inmigrantes y una imagen mostrada como negativa de nuestros inmigrantes por la sociedad estadounidense ¿qué lo hace diferente con Donald Trump? El análisis discursivo ayuda en resolver esta interrogante y esa exploración muestra que Donald Trump, a diferencia de sus antecesores tiene escaso filtro, cero diplomacia y ningún interés en respetar a su vecino y menos aún a los pueblos que conforman Latinoamérica, que es el origen del grueso de los inmigrantes, preponderantemente centroamericanos y mexicanos. Y eso lo dice no a sotto voce o haciéndose el presidente amigable de Latinoamérica, no, Trump dice que desprecia a sus vecinos del sur y no lo oculta.

Donald Trump se ha encargado una y otra vez de expresar su desprecio a los mexicanos y con ello al mundo latino. Para Trump los mexicanos “no son nuestros amigos. Nos está ahogando económicamente” "Cuando México nos manda gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores…"."No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a EE.UU.". "México no se aprovechará más de nosotros. No tendrán más la frontera abierta. El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar: México". Ese es el sentir de Donald Trump, sin ambigüedad alguna.

No cabe duda que estas referencias, dichas una y otra vez, reiteradas y reafirmadas cada vez con más virulencia no pueden generar más que la indignación y el levantamiento unánime de nuestros pueblos. Un mínimo de dignidad así lo exige, incluso a presidente de características tan genuflectas como el mandatario mexicano, que en su propia casa recibió al otrora candidato presidencial Donald Trump para que le dijera en su cara, frente a todo el mundo que México debería pagar el muro que él construiría para impedir su ingreso a su país. Trump, sin obtener respuesta alguna de Peña Nieto, le dijo, en su propia cara, que era un indeseable, que Estados Unidos estaría mejor sin una relación con este vecino pobre y sinvergüenza que sólo se aprovechaba de los tratados comerciales, que para los ciudadanos estadounidenses no tenían beneficio alguno. Pero, no sólo eso, que esa condición además tenía una imposición, construir sus propias cadenas y grilletes. Una vergüenza nacional y regional indudable que obliga a todo un continente a responder en forma digna, soberana y valiente a Trump.

HispanTV.es

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