La dimisión de Flynn, justificada por la Casa Blanca como una solicitud de Trump por “falta de confianza” en el funcionario, se suma a una serie de eventos que han elevado las tensiones entre Rusia y Estados Unidos, pese a las pretensiones del Mandatario de promover un acercamiento entre los antiguos enemigos de la guerra fría, y aún cuando desde Moscú aseguran se encuentran preparando ya el encuentro entre los líderes de ambas naciones, que esperan se produzca en la reunión del G-20 en julio. Además, para mañana están previstas las primeras reuniones de alto nivel entre funcionarios rusos y estadounidenses, los Jefes de Estado Mayor se encontrarán en Azerbaiyán, mientras los cancilleres lo harán en Alemania.
Desde el escándalo de los ciberataques de Rusia al Comité Nacional del Partido Demócrata durante la campaña para las elecciones del 8 de noviembre – ratificados por la comunidad de inteligencia estadounidense y que Trump debió aceptar a regañadientes-; pasando por el caso de las vinculaciones de Flynn con los funcionarios rusos, que Trump califica de un “sinsentido” y el Kremlin ha desmentido; hasta la más reciente denuncia del diario The New York Times sobre el despliegue de un misil crucero que estaría violando un tratado nuclear entre ambas naciones, minan la posibilidad de que Trump pueda cumplir su deseo de un aproximación con Rusia, que también apuesta por un pronto inicio del deshielo.
Crisis en puerta. Durante la campaña por la presidencia de Estados Unidos, Trump elogió el liderazgo del mandatario ruso, Vladimir Putin, y tras resultar electo, el republicano aseguró que contar con la simpatía de Putin, podría ser una ventaja. Incluso se pronunció sobre la posibilidad de levantar las sanciones impuestas por su predecesor Barack Obama. Sin embargo, la posición del nuevo Jefe de la Casa Blanca no ha sido bien vista, incluso por los propios republicanos.
En tal sentido, el actual Secretario de Estado, el ex director de la Exxon Mobil, Rex Tillerson, conocido como un “amigo de Rusia”, debió distanciarse de las declaraciones de Trump en su audiencia de confirmación en el Congreso -en lo que podría haber sido una estrategia para obtener el cargo-, y señaló que la ex nación soviética era un peligro para la Unión y se manifestó contrario al levantamiento de las sanciones. Tillerson subrayó que “nuestros aliados de la Otan tienen razón en estar alarmados ante el resurgimiento de Rusia”.
Ahora, el caso de Flynn, pese a su renuncia, abre las puertas a una crisis política para la presidencia de Trump, ya que los demócratas han solicitado una investigación sobre las supuestas comunicaciones entre asesores del presidente estadounidense y la inteligencia rusa, de las cuales se dice que Trump tendría conocimiento, y las agencias estadounidenses tendrían pruebas, según ha reportado The New York Times, diario al que el republicano ha acusado en varias oportunidades de “inventar mentiras” en su contra.
Flotas y misiles. En medio de esta crisis, el rotativo estadounidense, que alega citar fuentes del Gobierno, habría también denunciado ayer el despliegue secreto, por parte de Rusia, de un nuevo sistema de misiles de crucero ignorando el llamado de Estados Unidos sobre la violación que esta actividad supone al tratado firmado entre ambas naciones en 1987, por los presidentes Mijail Gorbachov y Ronald Reagan sobre control de armas atómicas de medio y corto alcance
La nota señala que el portavoz interino del Departamento de Estado, Mark Toner, no hizo comentarios sobre la denuncia, pero subrayó que EEUU sigue considerando que Rusia viola el acuerdo y advirtió de los “riesgos que eso conlleva para la seguridad europea y asiática”.
Al respecto, la agencia estadounidense Associated Press (AP) reseñó que las tropas estadounidenses recientemente desplegadas en Rumanía recibieron ayer decenas de carros de combate y vehículos blindados de infantería para reforzar las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) en países de Europa Oriental, según informó a través de un comunicado el embajador de EEUU en Rumanía, Hans Klemm. Recientemente, Trump ha reiterado el apoyo de Estados Unidos a la Alianza Atlántica, pese a que durante la campaña se mostró distante a la Organización.
A esta circunstancia se suma el avistaje del buque Viktor Leonov (SSV-175), navío ruso de reconocimiento desarrollado en la década de 1980 para espiar las instalaciones navales de Estados Unidos, en aguas internacionales pero cerca de las costas de Delaware, territorio de la Unión.
La localización del buque fue confirmada por la portavoz del Pentágono, la teniente coronel Valerie Henderson, quien señaló que hay aeronaves de reconocimiento vigilando al buque, que tiene entre sus capacidades interceptar señales y canales de comunicaciones militares, cuenta con distintos sistemas de radares y misiles superficie-aire de defensa, según informaciones de la cadena FoxNews.
La manzana de la discordia. Recientemente, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, aclaró a Rusia la posición de la Administración Trump en torno a la adhesión de la península de Crimea y exigió a Moscú la devolución del territorio a Ucrania.
Hoy, el jefe de la Duma de Rusia sugiere a EEUU “implementar las promesas electorales y no cuestionar la jurisdicción rusa sobre Crimea” según reportó el portal HispanTV. “Crimea es parte de Rusia, y cuantos hablan de separarla atentan contra nuestra integridad territorial”, dijo el líder parlamentario ruso Viacheslav Volodin
Trump, que desde el 20 de enero empezó a gobernar en solitario por decreto, no parece tenerla fácil para alcanzar algunas de sus promesas de campaña, especialmente la referente al acercamiento a Rusia. La independencia de poderes en la Unión, el escrutinio de demócratas y republicanos, las acciones de la nación euroasiática y las contradicciones entre ambos países, parecen empedrar una ya empinada cuesta hacia un próximo deshielo o acercamiento.
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