En esa zona operan decenas de vendedores ilegales que ofrecen productos de contrabando; venden la cajetilla de cigarros a cinco euros, mientras que en los quioscos oficiales su precio es de siete euros.
"Este tipo de comercio cubre cerca del 25% del consumo; esto se traduce en el hecho de que el Gobierno francés deje de recibir más de 3.000 millones de euros anuales, y los vendedores de tabaco pierdan 250 millones de euros", aseveró un portavoz del sindicato de vendedores de tabaco.
Otro de los motivos que generan malestar entre los trabajadores de la rama es la implementación de diseños neutrales en las cajetillas.
Desde inicios de 2017 en los quioscos solo se pueden vender cajetillas de color verde oscuro, sin diseño individual y con las marcas de los cigarrillos escritas con un tipo de letras unificado.
Para expresar su protesta por la situación, los vendedores tiraron sobre el pavimento cerca de dos toneladas de zanahorias, símbolo de su profesión, ya que con su forma recuerdan los carteles colgados en los puestos de venta en forma de rombo rojo y anaranjado.
Sputnik
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