Reaparece en Siria una de las tres chicas de Londres que se unieron al Estado Islámico

  15 Febrero 2019    Leído: 577
Reaparece en Siria una de las tres chicas de Londres que se unieron al Estado Islámico

‘The Times’ encuentra a Shamima Begum entre los huídos del último reducto yihadista.

Una de las historias más extrañas, chocantes y lamentables, a la vez que mediáticas, en los cuatro años que el Estado Islámico (EI) estuvo atormentando al mundo fue la de la fuga a Siria de tres menores londinenses en febrero del 2105. Se trataba de Shamima Begum, Amira Abase, ambas de 15 años, y Kadiza Sultana, de 16. Las tres engañaron a sus familias, hicieron un equipaje mínimo y fueron vistas por última vez en el aeropuerto de Gattwick. Desde entonces, muy poco se supo de ellas. Ahora, Shamima Begum, que hoy tiene 19 años, ha reaparecido. Perdió dos hijos en todo este tiempo, está de nuevo embarazada y quiere regresar a Gran Bretaña.

El diario The Times ha localizado a Shamima en el campo de refugiados de Al Hol, el lugar en el que es acogida la población civil que huye de Baghuz, el último enclave del Estado Islámico en Siria, que tiene los días contados. Según ha dicho, su amiga Amira Abase todavía se encuentra allí dentro, bajo los bombardeos. Amira estaría acompañada de Sharmima Begum (que no guarda parentesco con Shamina), otra chica de la misma academia de Londres donde estudiaban que hizo el viaje a Siria dos meses antes que el trío. La tercera de las adolescentes, Kadiza Sultana, murió en un bombardeo de la coalición internacional sobre la ciudad de Raqqa hacia enero del 2016, según comunicó alguien a su familia entonces. Shamima ha confirmado ahora su muerte.

Las declaraciones de Shamima al Times sugieren un caso de lavado de cerebro que todavía permanece, si bien reconoce que “había mucha opresión y corrupción” bajo el califato. La joven, según dijo, salió de Baghuz hace dos semanas con un grupo de civiles y de su marido, Yago Riedijk, un holandés que se había unido al EI, se entregó a un grupo de milicianos sirios, miembros de las Fuerzas Democráticas Sirias. No se sabe nada de él. Se cree que la mayoría de los yihadistas que aún resisten en Baghuz son extranjeros, quizás acompañados de sus familias.

“No lamento haber venido”, dijo la chica al diario británico. Pero añadió: “He sido débil. No he podido soportar el sufrimiento de estar en el campo de batalla. Pero además, tenía miedo de que el niño que estoy a punto de tener -su embarazo es ya de casi nueve meses– se muera como mis otros dos hijos. Así que huí del califato. Ahora todo lo que quiero es volver a casa a Gran Bretaña”. En los últimos meses, su hija de un año y nueve meses y su hijo de ocho meses murieron de malnutrición. El bebé fue el primero en fallecer; lo llevó a un hospital en Hajin -localidad conquistada recientemente por las Fuerzas Democráticas Sirias- pero “no había medicinas ni personal suficiente”. La niña murió hace un mes.

Cuando vi por primera vez una cabeza cortada en un bidón no me alteró para nada. Era de un combatiente capturado en el campo de batalla, un enemigo del islam

En declaraciones a ‘The Times’Todas las mujeres que se unieron al Estado Islámico, fueron casadas con milicianos, y no una sola vez sino las que hiciera falta si el cónyuge moría, ya que su función era básicamente reproductora, además de proporcionar solaz a los combatientes. Shamima y sus amigas vivieron en Raqqa, la capital siria del califato, hasta que fueron evacuadas en la sospechosa operación pactada con las milicias sirias en octubre del 2017 para sacar de la ciudad a miles de personas: combatientes, sus familias y población civil.

“En Raqqa la vida era normal, aunque de vez en cuando había bombardeos”, explicó Shamima al Times. “Cuando vi por primera vez una cabeza cortada en un bidón no me alteró para nada. Era de un combatiente capturado en el campo de batalla, un enemigo del islam. Solo pensé qué le habría hecho a una mujer musulmana si hubiera podido”.

Las tres chicas, a su paso por el control del aeropuerto de Gattwick, el 17 de febrero del 2015. La de la derecha es Shamina Begum (Otras fuentes)
En cuanto a sus amigas Sharmima y Amira, la joven dijo que “son fuertes, yo respeto su decisión –de quedarse en Baghuz-. Se avergonzarían de mi si sobreviven a la batalla y supieran que me marché”. “Pero quiero volver a casa y tener a mi niño, eso es todo lo que quiero. Haré lo que sea para poder volver a casa y vivir tranquilamente con mi hijo”, añadió.

Según el abogado londinense Tasmine Akunjee, experto en terrorismo y que se ocupa del caso de las tres chicas desde su desaparición, Shamima “ha sufrido un trauma” y espera que “pueda volver y dejarlo todo atrás. Cualquiera que haya perdido dos hijos necesita mucha ayuda”. Quien tiene ahora la palabra, según The Guardian, es el secretario británico de Interior, Sajid Javid. Para ello, señala el diario, necesitaría el asesoramiento de los servicios de inteligencia. Para el Foreign Office, mientras tanto, resulta problemático si ofrece o no asistencia consular a Shamima Begum. El secretario de estado de Interior, Ben Wallace, ha adelantado esta mañana que no se hará nada por Shamima Begum. “No pondré en peligro la vida de ciudadanos británicos para ir a buscar terroristas o antiguos terroristas de un estado fallido”, ha dicho Wallace a la BBC.

El caso de las tres chicas de Gattwick tuvo un impacto enorme en la sociedad brítánica, con las familias apareciendo en televisión rogando el regreso de sus hijas. Lo ocurrido con Kadiza Sultana es especialmente dramático. En varias ocasiones llamó por teléfono a su hermana Hamila (llamadas que fueron grabadas por las fuerzas de seguridad británicas) y le dijo que quería volver a casa: “Tengo un mal presentimiento. Tengo miedo, las fronteras están cerradas, ¿cómo voy a salir?” Kadiza había sido casada con un miliciano estadounidense de origen somalí que había muerto en combate.

El abogado Tasmine Akunjee pudo saber entonces que Kadiza optó por no tratar de escapar cuando supo de una joven austríaca que había intentado hacerlo acabó muriendo apaleada. Se trataba de Samra Kesinovic, de 17 años, que había viajado a Siria con una amiga, Sabima Selimovic, de 15. Actuaron exactamente igual que las chicas de Londres. Hijas de refugiados bosnios, ambas, de ojos azules, fueron utilizadas por los yihadistas como propaganda para atraer tanto a otras chicas como a combatientes. De Sabima no se ha sabido nada. Su madre demandó al Gobierno austríaco por el hecho de las menores no fueran detenidas en el aeropuerto de Viena.

Por un mensaje en Twitter, la policía británica averiguó que Shamima Begum había sido captada por una mujer que se hacía llamar Madre del León. Se trataba de una joven de Glasgow, Aqsa Mahmud, de 21 años, que viajó a Siria muy pronto, en noviembre del 2013, y actuaba como reclutadora por internet. A su vez, Aqsa -antes una chica normal a la que le gustaba la músi ca de Coldplay y las novelas de Harry Potter- había sido radicalizada a través de internet por un tal Adeel Ulhaq, que acabaría siendo condenado a seis años de cárcel por enviar a Siria a un chaval de Cardiff de 17 años.

lavanguardia


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