El despegue bávaro de los verdes

  12 Octubre 2018    Leído: 705
El despegue bávaro de los verdes

Soplan vientos de cambio en el paisaje político de Baviera, con personajes imprevistos al alza.

Este próspero land alemán celebra elecciones este domingo, con perspectivas aciagas para el partido hegemónico durante decenios, la Unión Social Cristiana (CSU), que según los sondeos está abocado a perder su histórica mayoría absoluta. Una parte de la vaticinada sangría de votos que aqueja a los socialcristianos engrosa a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), que logrará así entrar por primera vez en este Parlamento regional, pero hay otro partido que galopa en las encuestas, convertido en protagonista inesperado de esta liza electoral: Alianza 90/Los Verdes.

Los sondeos le otorgan entre el 16% y el 18% de los votos, cuando en los comicios del 2013 cosechó el 8,6%. Es un secreto a voces en Baviera: los hijos de los votantes tradicionales de la CSU han crecido y se han pasado a los verdes. Y algunos de sus progenitores, también.


“Nunca hemos tenido por encima del 10% en Baviera, pero esta vez puede ser que sí; confiamos en obtener el domingo un resultado de dos cifras”, dice la prometedora cocandidata ecologista, Katharina Schulze, durante un encuentro con corresponsales extranjeros en el Presse Club de Munich, en un salón con vistas a la famosa Marienplatz y al Ayuntamiento neogótico. “En los mítines se me acercan personas diciendo que siempre han votado a la CSU, algunos durante 30 años, y que vienen a mirar y a escucharnos, porque ahora lo que dice la CSU ya no les cuadra”, asegura.

Katharina Schulze, politóloga de 33 años, vivaz como un torrente, es la jefa del grupo parlamentario verde en la Cámara regional –en la que entró como diputada en las elecciones del 2013–, y ejerce de tirón entusiasta. El otro cabeza de lista, Ludwig Hartmann, de 40 años, que estudió Comunicación, se encarga de transmitir serenidad. Así se reparten los papeles. Si las encuestas aciertan, Alianza 90/Los Verdes se convertirá gracias a ellos en segunda fuerza parlamentaria, desalojando de ese puesto al socialdemócrata SPD, que parece abocado a un mísero 11% de sufragios. Y cuando la CSU, privada de su mayoría absoluta, deba negociar una coalición de Gobierno, los ecologistas están dispuestos a hablarlo.

“Tenemos que ver los resultados de las urnas el domingo, pero los verdes hemos venido a hacer política, por supuesto”, dice Schulze. “Queremos ser segunda fuerza, porque la segunda fuerza indicará cuál es el rostro actual de Baviera, y también en qué dirección debe moverse, abierta al mundo y proeuropea”, proclama, muy convencida.

Su lema electoral, desplegado en carteles con fondo verde obligatorio, verde como las montañas bávaras, es: “Herz statt Hetze” (Corazón en vez de acoso). El acoso al que alude es la retórica antiinmigración desplegada por la ultraderechista AfD, que la CSU ha ido haciendo suya en algunos aspectos desde que la canciller Angela Merkel –su socia democristiana– abrió las fronteras a los refugiados en verano del 2015. Los analistas señalan que gente cristiana que ha votado tradicionalmente a la CSU no comulga con ese discurso estridente sobre refugiados, y está virando hacia los verdes.

“Creemos que hay que dar coraje en vez de asustar”, martillea Schulze, en alusión al cultivo de esa atmósfera de temor que, insiste, no se corresponde con la realidad cotidiana de Baviera. Mientras la líder habla, abajo en la Marienplatz hay un tenderete de Pegida (Europeos Patrióticos contra la Islamización de Occidente), movimiento xenófobo surgido hace cuatro años en Dresde (Sajonia), que trata de pescar algo también en Munich. “El islam no forma parte de Alemania; en la cadena Al Yazira dicen una cosa en árabe y algo distinto en inglés, para que no sospechemos”, sostiene el orador. Pero la audiencia es escasa; otros partidos despachan la misma mercancía con otras gradaciones de tono.

Migración aparte, Katharina Schulze y los suyos esgrimen en estas elecciones otra baza. Según la politóloga Ursula Münch, directora de la Academia de Formación Política de Tutzing, localidad cercana a Munich, Alianza 90/Los Verdes se presenta en Baviera como un partido “asentado y sensato” que defiende el territorio y la identidad bávaros de un modo menos conservador que la CSU, y en principio más atrayente para los jóvenes.

En sus mítines proliferan las alusiones a “nuestra bella Baviera”, junto a otras muestras de orgullo regional inusuales en un político ecologista de otro land alemán. De hecho, los verdes bávaros siempre han acusado a la CSU de dañar el territorio por permitir demasiado cemento a orillas del Danubio, o por construir nuevas pistas de aeropuerto. Y la animosa Katharina no duda en ponerse el Dirndl, el típico traje femenino bávaro, para ilustrar su anclaje y afecto por el territorio.

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