Muere Liz Smith, la columnista que fabricó e hizo famoso a Donald Trump

  17 Noviembre 2017    Leído: 235
Muere Liz Smith, la columnista que fabricó e hizo famoso a Donald Trump

La periodista y reina del chisme catapultó al joven constructor neoyorquino en los años setenta

Fallecida el domingo pasado a los 94 años en Manhattan, la archiconocida columnista y reina del chisme se consagró en el tempestuoso mundo de los tabloides neoyorquinos por algunas cualidades que para muchos eran defectos: no hacía ascos a las vísceras de una sociedad opulenta, se distinguía por contar lo que los famosos querían que contase, y descubrió antes que nadie al joven e impetuoso Donald Trump. Un monstruo insomne que bajo los ojos curiosos de Liz Smith alcanzó la fama que tanto deseaba.

Antes de tocar el firmamento, Smith recorrió décadas de periodismo. Nacida en Texas en 1923, trabajó en el Cosmopolitan y el Sport Ilustrated, escribió piezas mercenarias y logró asomarse a algunos programas de radio y televisión. Pero su gran momento llegó el 16 de febrero de 1976 cuando dio a luz a la columna que la distinguió para siempre. Fue en el New York Daily News y se titulaba simplemente Liz Smith.

Aunque la columna cambió de cabeceras a lo largo de los años, nunca se alejó del gran público ni perdió su esencia: mirar por el ojo de la cerradura a los más ricos. Contar de modo amable la vida de las divinidades de Hollywood, los políticos imperiales y los potentados de Manhattan.

El producto era popular. No lo apreciaba el mundo de la alta cultura ni de las martirizadas vanguardias de la Costa Este. Pero tampoco lo pretendía. Sus lectores del Daily News (1976-1991), New York Newsday (1991-1995), The New York Post (1995-2009) y New York Social Diary obtenían de Smith un relato directo y fácil sobre la vida en el Olimpo. Historias cuya excesiva proximidad a las fuentes fueron objetos de constantes reproches en la profesión.

“Es una crítica válida. Pero no sé qué hacer con ella. No tengo que ser pura ni lo soy. Es decir, no soy una reportera que trabaje asuntos de vida o muerte, secretos de estado o el ascenso o la caída de gobiernos”, afirmó en una entrevista en 1991 a The New York Times.

Amiga de Frank Sinatra y Katherine Hepburn, pero también íntima de Madonna, su reinado en el mundo del cotilleo fue indudable. Llegó a ser una de las periodistas mejor pagadas de Estados Unidos y con su columna era capaz de entronizar a quien quisiera. Eso ocurrió con una de sus grandes apuestas, Donald Trump.

Eran los años setenta. Trump, todavía bajo las alas de su amigo, el abogado y antiguo macartista Roy Cohn, deseaba con todas sus fuerzas dejar atrás el Queens paterno y triunfar en la vertiginosa Manhattan. Allí, en la isla donde todos los sueños son posibles, el incipiente constructor empezó a moverse como un tigre. Batía la noche y anhelaba ver su nombre en los tabloides. No era extraño que él mismo llamase a los reporteros para contar sus supuestas aventuras con estrellas.

Liz Smith le detectó rápidamente. En sus palabras era “el rey de la hipérbole con un toque vulgar a lo Elvis”. Un ser excesivo que halló en la columnista un amplificador de su inagotable ego.

Trump y su esposa Ivana se volvieron una constante en sus escritos. No había inauguración o fiesta que no fuese celebrada. Halagado, el multimillonario decía a quien quisiera escucharle que Smith era “la más grande”.

La luna de miel se torció cuando la columnista halló un titular mejor. Ocurrió en 1989. A las redacciones de los periódicos sensacionalistas de Nueva York llegaron fotos de una fulgurante rubia platino llamada Marla Maples acompañando a Trump.

Smith fue directo al botín. Acudió al constructor y, como ha escrito el biógrafo Marc Fischer en The Washington Post, le pidió que le contará todo. “Dame la historia a mí o si no acabarás en un lugar mucho peor que en la columna de Liz Smith” , le soltó.

Trump mantuvo su silencio. Pero no Ivana. Harta de ser engañada, llamó a Smith cuando su marido estaba de viaje en Japón y se confesó. No dejó detalle sin explicar. Desde el ocaso de su vida sexual hasta la ruptura matrimonial.

La bomba fue primera página durante 12 días seguidos en el Daily News. Trump respondió desde The New York Post con material suficiente para ocupar 8 primeras páginas consecutivas. Durante meses el divorcio fue la única tarea de Smith. Un estallido que elevó a Trump a un estrellato que ya jamás perdería. También fue el momento estelar de la columnista.

No volvió a vivir días de agitación semejante. Publicó libros, como Rubia Natural, con chismes sobre los grandes de Hollywood, prosiguió con su columna y llevó con discreción pero sin secreto su bisexualidad. Antes de morir, la vida le permitió ver a su vociferante criatura convertida en presidente de Estados Unidos. Nadie sabe si fue un castigo o un premio para ella.

ABC

Etiquetas: #Trump   #Liz