Las islas de la discordia: por qué la OTAN tiene puestos sus ojos en Svalbard

17:30   21 Abril 2017    179

El columnista de Sputnik Alexandr Jrolenko se pregunta en su nuevo artículo por qué Svalbard atrae a los miembros de la Alianza Atlántica y si será posible que el frío archipiélago se convierta en otro punto caliente en el mapa del mundo.

En relación a los planes de la OTAN de celebrar una reunión en el archipiélago noruego de Svalbard, el Ministerio de Exteriores ruso declaró que, con arreglo al Tratado de Svalbard de 1920, la zona "debe seguir siendo el archipiélago de la paz y de la buena vecindad".

De esta manera, los intentos de organizar actos en Svalbard no se ajustan "al espíritu del Tratado de 1920" y esta política de la OTAN no es más que "una provocación".

Los diplomáticos rusos también prestaron atención a que el tema central de la reunión de los países miembros de la OTAN será la relación entre la geopolítica y el futuro de Ártico.

El comunicado del Ministerio de Exteriores ruso dice que "en la región del Ártico no hay problemas cuya solución requiera la participación de la OTAN, ni mucho menos soluciones militares". Asimismo, "el aumento de la tensión no se corresponde con los intereses a largo plazo de los países nórdicos y debilita su seguridad en vez de reforzarla".

El Tratado de Svalbard, firmado en París en 1920, reconoce la soberanía de Noruega sobre el territorio y garantiza la igualdad de derechos a todos los países contratantes en el acceso a los recursos naturales.

El autor apunta que la militarización del Ártico es una amenaza muy real debido a sus vastos recursos naturales. De esta manera, numerosos países ponen la mira en los grandes yacimientos de petróleo y tienen disputas fronterizas.

Rusia y Canadá abogan por una división sectorial del Ártico, que consiste en establecer las fronteras a lo largo de los meridianos desde los puntos extremos de la costa hasta el polo. EEUU, por su parte, insiste en que el Polo Norte, el océano Ártico y la Ruta del mar del Norte son un tesoro internacional.

No obstante, la situación con Svalbard es aún más curiosa, expresa Jrolenko. Escribe que "si echamos un vistazo al mapa de 1569 de Gerardus Mercator" —conocido cartógrafo y geógrafo flamenco—, veremos que las siete islas que hoy conforman Svalbard se llaman 'Los Santos Rusos'. Los pomory —colonos rusos y sus descendientes— establecieron allí sus asentamientos temporales. Más tarde, el territorio llegó a estar controlado por los Países Bajos, Inglaterra y Dinamarca.

A principios del siglo XX, el descubrimiento de carbón empezó a atraer a Rusia, EEUU, Reino Unido, Noruega y los Países Bajos. Según el tratado de 1920, a Svalbard le fue otorgado el estatus de zona desmilitarizada. Esta condición no permite utilizar el territorio con fines militares. La URSS firmó el documento el 7 de mayo de 1935.

El Parlamento de Noruega reconoció en 1947 que Moscú, junto con Oslo, tiene intereses económicos especiales en el archipiélago. Así, desde 1931, la compañía rusa Arktikúgol ha participado en la explotación minera en las islas.

Sin embargo, durante la Guerra Fría, Noruega estableció una zona económica de 200 millas alrededor de Svalbard, lo que preocupó a la Unión Soviética. Toda la parte oriental de la zona acabó en aguas que se consideraban pertenecientes a Rusia, según la división sectorial del Ártico. De esta manera, los países dividieron el territorio en disputa en partes iguales.

"La temperatura político-militar en Svalvard" aumentó considerablemente en abril de 2015, continúa el autor. En aquel momento, bajo el pretexto de la crisis en Ucrania, el Ministerio de Exteriores de Noruega expresó su indignación a la Embajada de Rusia en Oslo por la visita a Svalbard de Dmitri Rogozin, el vice primer ministro responsable del sector de la defensa del país eslavo.

Oslo también dejó entrever su intención de fortalecer las "medidas relativas a la entrada en Svalbard". Mientras tanto, el propio Rogozin siempre ha abogado por el estatus pacífico del Ártico y arribó a Barentsburg, el segundo pueblo más grande de Svalbard, en un vuelo civil en lugar de un buque militar de la Flota del Ártico, recuerda Jrolenko.

De esta manera, prosigue el autor, "veremos el doble rasero por parte de la OTAN hacia los altos cargos rusos responsables de la defensa", además de la "discriminación del vice primer ministro" y un "deseo de algunos países de obtener ventajas militares en las disputas territoriales".

"En el caldero de las contradicciones interestatales hierven las pasiones del Consejo Ártico, el Consejo de la Región de Barents y el Ártico Europeo, el Consejo Nórdico y la Comisión de las Comunidades Europeas", profundiza el periodista.

Además de los países reconocidos del Ártico —EEUU, Canadá, Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia y Rusia—, otros 13 estados reivindican partes de la región. Son Bélgica, Reino Unido, Francia, Alemania, Irlanda, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Polonia, Finlandia, Suecia, Estonia y Japón. China ya tiene su base terrestre en la región.

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A juicio del autor, es posible que todas las disputas territoriales en el Ártico sean pacíficas, debido a que el potencial bélico de los demás países en la zona es inferior al de Rusia.

Jrolenko apunta que "la adopción por parte de la OTAN del papel de árbitro interestatal, así como la participación en la Alianza de los países nórdicos neutros, pueden acarrear una escalada irreversible de las contradicciones en el Ártico".

"Esto es inaceptable: Svalbard debe permanecer siendo una zona desmilitarizada, libre de todas las estructuras y actividades de la Alianza Atlántica", concluye.

Sputnik

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